Liebres y Tortugas: Análisis sobre las Dinámicas de Convergencia Económica en el Siglo XXI
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David Enrique Arboleda Cárcamo
Subdirector de Edición y Revisión
Estudiante de Economía
de.arboleda@uniandes.edu.co
Universidad de los Andes
De la cuestión del crecimiento han derivado multiplicidad de preguntas que han cautivado por años la atención y los esfuerzos de los economistas. Los determinantes del crecimiento, sus impactos sobre el bienestar social, la sostenibilidad ambiental y la desigualdad componen algunos de los vastos interrogantes que surgen naturalmente de la indagación sobre la esencia del motor de la economía. En especial, existe un problema sobre el cual los economistas han teorizado desde la formulación de los primeros modelos de crecimiento: la convergencia. Comprender la dinámica del crecimiento económico resulta indispensable para entender si las brechas que separan a los países desarrollados de la mayor parte del mundo tenderán eventualmente a cerrarse o, por el contrario, continuarán ampliándose de forma persistente como ha sucedido desde la primera revolución industrial.
Lamentablemente, el panorama que se cierne sobre tan fundamental cuestión aparece particularmente desalentador. La evidencia empírica y el análisis teórico parecen haber alcanzado un consenso a favor del segundo caso. Los tenues rastros de convergencia económica poseen un carácter condicional. Solo grupos de países que comparten ciertas características en su estructura productiva exhiben señales de convergencia (Jianyang, 2011). Para los países de ingreso medio y bajo, que componen la mayoría, los pronósticos generales se inclinan hacia un inevitable acentuamiento de las diferencias entre ellos y el mundo desarrollado.
Sin embargo, en los últimos 20 años la tendencia divergente muestra fuertes signos de reversión, especialmente cuando el análisis económico escapa la venda tentadora, pero equívoca, del producto interno y se orienta hacia la revisión de factores igual o más relevantes a la hora de determinar el nivel de desarrollo de una sociedad. Este escrito compone un análisis primigenio de la evolución durante el presente siglo de algunos indicadores de desarrollo económico; análisis que, por supuesto, no espera dar la última palabra sobre tan intrincado asunto como lo es la convergencia económica ni proveer una explicación holística a los fenómenos subyacentes a las tendencias aquí abordadas. El principal propósito de este trabajo es más bien modesto, pero de la mayor relevancia: aportar suficiente evidencia para sugerir con robustez que las dinámicas económicas del último siglo ameritan revisitar la cuestión de la convergencia.
Inicialmente, es indispensable efectuar una aclaración: el desarrollo económico y el bienestar de una sociedad son cuestiones que inevitablemente trascienden al análisis del nivel de ingreso. En consecuencia, es fundamental que los estudios de convergencia no se reduzcan al recortado espectro de las tasas de crecimiento y el producto por habitante, sino que compongan en cambio una revisión comprensiva de los factores que determinan la calidad de vida de los individuos de un país. Por esto, en los siguientes párrafos se elaborará sobre un abanico de variables que sirven de aproximaciones a tan cruciales factores; ellas son: la tasa de mortalidad infantil y maternal, la cobertura neta de educación primaria y secundaria, la productividad factorial asociada al bienestar y el producto por habitante, entre otras.
Ahora, conviene proveer un marco teórico para el análisis a realizar. En la literatura sobre crecimiento es común abordar el asunto de la convergencia desde una perspectiva dicotómica. Por una parte, se encuentra el concepto de “convergencia ” que hace referencia a una relación por lo general inversa entre el nivel de ingreso de un país y su tasa de crecimiento. Esta idea de convergencia se basa en que los países más pobres deberían crecer más rápido que los ricos, en tanto los rendimientos decrecientes de los factores productivos son más onerosos en los segundos y en medida que los primeros puedan crecer a altas tasas por medio de la importación y adaptación de tecnologías ya desarrolladas. Por otra parte, existe también el concepto de “convergencia ”, tal vez menos fuerte, que sugiere que la variabilidad de los niveles de ingreso tenderá a reducirse en el tiempo (Jianyang, 2011). El análisis y la descripción de las tendencias descritas por una variedad de indicadores de desarrollo que se efectuará a continuación proveerá evidencia que sugiere que en el presente siglo ambos tipos de convergencia se han encontrado activos en diversos ámbitos del desarrollo. Para comenzar, se revisa la existencia de convergencia a partir de la evolución en el tiempo del grado de dispersión de algunas variables asociadas al desarrollo.
Fuente: Elaboración propia con base en datos de World Bank Indicators (2020) y PWT (2019).
La tendencia consistentemente decreciente de la desviación estándar de todas las variables es evidente. Por ejemplo, en el panel A de la figura 1 se observa que en 1989 la desviación de la tasa de cobertura neta de educación primaria era de 20.22, mientras que en 2017 alcanzó un mínimo histórico al llegar a un valor de 8.67. Esto implica una reducción de cerca de 57.1% en la dispersión en 28 años. Similarmente, la tasa de mortalidad materna (panel C) describe una curva decreciente y logra pasar de una desviación de 383.2 en el 2000 a una de 224.7 en 2017. Paralelamente, el panel D comprueba que la desviación de la tasa de mortalidad infantil (menores de 5 años) se redujo en un 61% en el periodo muestreado. Sin embargo, más interesante es la dinámica de la dispersión de la variable de cobertura neta en educación secundaria. En el panel B se encuentra que, hasta el final del siglo pasado, la desviación estándar de esta variable no mostraba tendencia alguna. No obstante, es visible una concentración de los datos sobre su dispersión a partir del 2000 y una marcada proyección decreciente desde entonces. En síntesis, los gráficos de la dispersión en el tiempo comprueban que la tasa neta de cobertura educativa primaria y secundaria, la tasa de mortalidad de maternidad y la tasa de mortalidad infantil han convergido en la generalidad de la muestra.
Fuente: Elaboración propia con base en datos de World Bank Indicators (2020) y PWT (2019).
Otro conjunto de variables igualmente relevantes narra una historia análoga. En primer lugar, el nivel de desigualdad entre países, medido por el GINI, ha tendido a converger desde 1985, como lo exhibe el panel A de la figura 2. Por otra parte, los paneles B y C evidencian que la productividad total de los factores (PTF) y la PTF relevante para el bienestar social –aquella relacionada con la absorción doméstica– presentan una trayectoria parabólica en la evolución de sus desviaciones estándar. Hasta el nuevo siglo, ambas variables describían un comportamiento más bien orientado hacia el aumento de la dispersión, o por lo menos no hacia la reducción de esta. Por el contrario, desde el 2000 y durante el resto del periodo presentan la misma tendencia decreciente típica de las demás variables, lo cual sugiere -una vez más- que las dinámicas económicas características del siglo XXI poseen rasgos y señales de convergencia generalizada previamente inobservados.
No obstante, el análisis emprendido hasta ahora conforma, en el mejor de los casos, una descripción general de procesos considerablemente amplios y complejos. Por ende, con el objetivo de ahondar más en las mecánicas subyacentes a la convergencia generalizada, es apropiado considerar la evolución específica de las variables en subgrupos de la muestra. Para tal fin, se reparte a la muestra en 3 categorías que siguen la catalogación del Banco Mundial[1] de los países acorde a su nivel de ingreso. Para cada grupo, las variables toman su valor promedio para los países que lo integran. Adicionalmente, el análisis que prosigue se centrará en las razones de los valores de cada variable entre distintos grupos. De tal manera se construyen las siguientes variables transformadas[2]:
Este tratamiento de los datos permitirá ampliar el entendimiento sobre la reciente dinámica de convergencia y abordar cuestiones relacionadas a la posible existencia de convergencia .
En primera instancia, considérese la razón entre países de ingreso alto e ingreso bajo. Todas las variables contempladas muestran una tendencia evidentemente convergente, lo que se aprecia en su paulatina aproximación a 1 conforme transcurren los periodos de tiempo. Por ejemplo, en el panel B de la figura 3 se aprecia que en 1994 los países de alto ingreso tenían tasas netas de cobertura secundaria que eran de cerca de 4.52 veces las de los ingresos bajos. Para 2018, dicha razón se había reducido a 2.8. Esto implica una disminución de 172 puntos porcentuales (p.p) en algo menos de 30 años. Similarmente, el mismo indicador para la educación primaria presenta una caída de 2.4 en 1972 a 1.2 en 2017.
Fuente: Elaboración propia con base en datos de World Bank Indicators (2020) y PWT (2019).
Paralelamente, el movimiento de las razones de la mortalidad infantil (panel C), el porcentaje de población por debajo de la línea de pobreza (panel F) y del PIB per cápita PPA (panel E) hacen patente la “ruptura” en la dinámica económica internacional con la que parece haber venido acompañado el nuevo siglo. Todas estas variables, profundamente relacionadas con el desarrollo económico, presentaban tendencias divergentes para los países de ingreso alto y bajo. Empero, dicha tendencia se revirtió con relativa simultaneidad y la nueva dinámica convergente se ha preservado desde entonces. Para el 2000, los países de ingreso bajo –tras presentar un empeoramiento progresivo en sus indicadores de desarrollo durante la década de los 90– alcanzaron tasas de mortalidad infantil que eran 18.14 veces la de los países de ingreso alto. Además, su porcentaje de población que subsistía con menos de 1.9 dólares (PPA del 2011) era 78.25 veces el de los países desarrollados y su ingreso per cápita era tan solo un 3.85% el de estos.
Sorpresivamente, en 2018 la tasa de mortalidad infantil en los países de bajo ingreso era 13.61 veces la de los de ingreso alto; su población debajo de la línea de pobreza, 44 veces; y su ingreso per cápita, el 4.52% del de los países desarrollados. Evidentemente, persisten todavía brechas alarmantes, mas la magnitud de los logros alcanzados en cuestión de los últimos 20 años no puede ser despreciada. Una revisión más detallada de los datos comprueba que, en efecto, este acercamiento de las variables de desarrollo para ambos grupos se debe a que los países de ingreso bajo han conseguido mejoras sustanciales en su nivel de desarrollo a una velocidad superior que los de alto ingreso.
Fuente: Elaboración propia con base en datos de World Bank Indicators (2020) y PWT (2019).
La comparación entre los grupos de alto y medio ingreso arroja una conclusión semejante. Destacan especialmente las observaciones de las razones del PIB per cápita y de la tasa de mortalidad. Antes del 2000, los datos no sugieren ningún tipo de tendencia hacia la convergencia. El panel B, figura 4, sugiere que la razón del producto por habitante entre ambos grupos se había mantenido aproximadamente constante en 7; no obstante, desde la entrada del nuevo siglo, dicha razón cayó a solo 3.9 en 2018. Por su parte, la tasa de mortalidad infantil (panel C) había empeorado en términos relativos para los países de ingreso medio durante los 90’s. Nuevamente, a partir del 2000 la tendencia se revierte y el indicador presenta una considerable mejora relativa, con lo que logra sobrepasar su nivel de 1990.
Fuente: Elaboración propia con base en datos de World Bank Indicators (2020) y PWT (2019).
Finalmente, es necesario comparar la evolución de las variables de desarrollo para los países de ingreso medio y bajo. En este caso, la tendencia, aunque claramente inclinada a la convergencia, es menos pronunciada. Los países de ingreso bajo han obtenido mejoras significativas en sus variables de desarrollo relativo a los de ingreso medio. Sin embargo, existe una excepción: el producto per cápita de ambos grupos se ha distanciado a favor de los de ingreso medio (ver panel B, figura 5). Así, mientras en 1990 el PIB per cápita de estos países era algo más de 2.6 veces el de los de ingreso bajo, esta diferencia se acentuó considerablemente, al punto de que en 2018 esta razón era de 5.65. De tal forma, se encuentra no solo que los países de ingreso medio y bajo están creciendo y mejorando aspectos relacionados con el nivel de vida de sus poblaciones más rápido que los de ingreso alto, sino que son los de ingreso medio quienes de hecho presentan las mayores tasas de crecimiento promedio de su producto por habitante en los últimos 20 años.
La conjunción de las dinámicas previamente descritas –esto es, la tendencia convergente de la generalidad de la muestra y la progresión temporal de las variables transformadas– apunta a primera vista a que el nuevo siglo representa un quiebre en la estructura del desarrollo económico de los países. La aceleración inédita de la convergencia experimentada a partir del año 2000 es la manifestación de transformaciones profundas que parecen haber tomado lugar en los países de menor ingreso con relativa simultaneidad y que condujeron a la reversión parcial de brechas que venían gestándose durante por lo menos los últimos 20 años del siglo XX. Existen 3 posibles factores que contribuyen a explicar las tendencias anteriores y que conviene abordar individualmente.
En primer lugar, existen variables asociadas al desarrollo económico que poseen techos y pisos naturales. Por ejemplo, la cobertura educativa en cualquier nivel puede comprender como máximo a la totalidad de la población de un país y como mínimo a ninguno de sus habitantes. En consecuencia, es razonable que la progresión de esta variable tienda a un estancamiento a medida que aumenta el nivel de desarrollo, por lo que países menos desarrollados tendrán la oportunidad de reducir la brecha en medida que los más desarrollados se aproximen al techo de cobertura. No obstante, este mecanismo solo impone convergencia en las variables limitadas en un horizonte infinito, mas no explica la reciente aceleración de la tasa de convergencia.
En segundo lugar, es plausible que los rendimientos decrecientes expliquen el comportamiento de las variables estudiadas para cada uno de los subgrupos. La teoría económica básica señala que los factores productivos poseen rendimientos marginalmente menores a medida que su acervo aumenta, ceteris paribus (Korotayev y Zinkina, 2013). Por ende, una máquina o un libro adicional produce marginalmente más en economías con menor cuantía previa de capital físico y/o humano, como las de los países de bajo y medio ingreso. Una extensión natural de este enfoque aplica a las políticas de educación y salud. Una vez que el 99% de la población cuenta con educación de cierto nivel, cubrir a un 1% adicional es considerablemente más difícil que cuando solo el 30% o el 40% de la población tenía acceso a la educación. Empero, los rendimientos decrecientes, si bien explican el mayor crecimiento de los países de menor ingreso frente a los de alto ingreso, son insuficientes para dar una narrativa congruente al aparente quiebre que tomó lugar en el 2000 y tampoco explican por qué los países de ingreso medio están creciendo más rápido que los de ingreso bajo.
La última explicación surge de notar que, más que una ruptura, esta reciente convergencia evidencia rasgos desconocidos del proceso de desarrollo económico a cuyo análisis se dedicarán los párrafos restantes del presente texto. El desarrollo económico no constituye un proceso lineal. Los países no están condenados a vivir bajo la eterna persistencia de las desigualdades preexistentes. Sin embargo, tampoco existe nada intrínseco al proceso de desarrollo que sustente la incondicionalidad de la convergencia económica. La evidencia empírica e histórica indica, en cambio, que el desarrollo económico sigue sendas logísticas; un continuo de auges y estancamientos que determinan la tasa a la cual un país es capaz de mejorar las condiciones de vida de sus habitantes (Artelaris et al., 2011).
Fuente: Elaboración propia.
Las teorías iniciales de convergencia predecían que los países más atrasados serían capaces de alcanzar a los de alto ingreso por medio de la adopción de nuevas tecnologías desarrolladas por estos últimos. Así, mientras los primeros podrían crecer importando los últimos avances tecnológicos, los países de alto ingreso se encuentran en la frontera tecnológica y dependen de innovaciones difíciles de producir para aumentar sus tasas de crecimiento. En la realidad, la adopción tecnológica se probó más compleja de lo inicialmente considerado, pues las nuevas tecnologías requieren de un acervo mínimo y creciente de capital humano para poder incorporarlas en el proceso productivo. Por ende, es posible que los países de bajo y medio ingreso hayan, durante la última década del siglo pasado, alcanzado el requerimiento de capital humano necesario para introducir en sus economías nuevas maquinarias y técnicas productivas que impulsaron el crecimiento económico y el desarrollo (Korotayev y Zinkina, 2013).
Fuente: Elaboración propia.
Además, puesto que el requisito de capital humano y tecnología previa es creciente, esta línea de pensamiento consigue explicar la expansiva brecha de ingreso entre los países de desarrollo medio y bajo a favor de los primeros. La capacidad de adaptación tecnológica de los países de ingreso medio sobrepasa a la de los de ingreso bajo, por lo cual se encuentran en promedio más cerca del punto crítico de acervo de capital que abre camino a un nuevo ciclo de despegue y estancamiento. Así, los países de ingreso medio ya se encontraban más cerca de superar las barreras a la adopción tecnológica que imposibilitaban una nueva etapa expansiva. Aunque este canal cuenta con cierto sustento en la reducción de la brecha educativa descrita hace algunos párrafos, es indispensable efectuar un estudio más a fondo sobre la evolución de la capacitación de la mano de obra en los países en desarrollo; asunto que lamentablemente escapa el alcance de este ensayo. Igualmente, cuantificar la duración y magnitud de la etapa de auge requiere todavía una amplia serie de estudios para cuya construcción este texto solo espera ser la primera piedra.
En conclusión, se ha presentado evidencia suficiente para señalar que la cuestión de la convergencia económica debe ser reevaluada a partir de las tendencias de algunas variables relacionadas con el nivel de desarrollo económico de los distintos países. Específicamente, se encuentra que a partir del año 2000 el grado de dispersión de estas variables se ha reducido significativamente a nivel global y que los países de la muestra con niveles de ingreso medio y bajo han alcanzado mejoras significativas en cobertura educativa, tasas de mortalidad infantil y materna, productividad asociada al bienestar e incluso en el producto por habitante; todo esto, a una mayor velocidad que los países de alto ingreso, lo cual ha propiciado una disminución de las brechas de desarrollo durante lo transcurrido del siglo XXI.
No obstante, aunque la descripción de los datos y el estudio de la progresión en el tiempo de las variables consideradas para la generalidad de la muestra y para los subgrupos de países resulta cuanto menos sugestiva, la necesidad de un análisis econométrico más profundo y detallado para poder extraer conclusiones contundentes es inexorable. Afortunadamente, una aproximación desde la teoría económica permite esbozar una primera explicación tentativa: es posible que los países de menor ingreso hayan logrado acumular hacia el final del siglo XX un acervo de capital humano y físico suficiente para permitir la adaptación de nuevas y más complejas tecnologías de producción que han catalizado su desarrollo económico. Esta teoría es consistente con la existencia de sendas logísticas de crecimiento, según las cuales los países experimentan ciclos continuos de auges y estancamientos en sus tasas de crecimiento y desarrollo. Empero, es necesaria aún una nueva serie de estudios y trabajos que permitan ahondar más en la naturaleza del proceso de desarrollo económico. Si este ensayo sirve como motivación para su elaboración, su propósito habrá sido realizado.
[1] Según la clasificación del Banco Mundial, los países se catalogan como sigue: alto ingreso, si el Ingreso Nacional Bruto per cápita es superior a 12,375 dólares corrientes del 2019; ingreso medio, si se encuentra entre 12,375 y 1,025; e ingreso bajo, si es inferior a 1,025.
[2] Los nombres de las variables son versiones reducidas del inglés “high income over low income”, “middle income over low income” y “high income over middle income”, respectivamente.
Referencias
Artelaris, P., Arvanitidis, P. y Petrakos, G. (2001). Convergence patterns in the world economy: exploring the nonlinearity hypothesis. Recuperado de https://www.emerald.com/insight/content/doi/10.1108/01443581111152373/full/html
Jianyang, HU. (2011). New Empirical Evidence on “Economic Convergence”. Journal of Cambridge Studies. 6 (4). Recuperado de https://core.ac.uk/download/pdf/35281957.pdf
Korotayev, A. y Zinkina, J. (2013). On the structure of the present-day convergence. Recuperado de https://www-emerald-com.ezproxy.uniandes.edu.co:8443/insight/content/doi/10.1108/CWIS-11-2013-0064/full/pdf?title=on-the-structure-of-the-present-day-convergence
Penn World Table [base de datos]. (2019). Recuperado de https://www.rug.nl/ggdc/productivity/pwt/
World Bank Indicators [base de datos]. (2020). Recuperado de https://data.worldbank.org/indicator
