RETOS DE LA POLÍTICA MONETARIA: TASAS DE INTERÉS NEGATIVAS

RETOS DE LA POLÍTICA MONETARIA: TASAS DE INTERÉS NEGATIVAS 

Daniel Cabarcas Velandia 

Estudiante de economía 

d.cabarcas@uniandes.edu.co 

Universidad de los Andes 

  

Daniela Herrera Herrera 

Estudiante de economía 

d.herrerah@uniandes.edu.co 

Universidad de los Andes 

La política monetaria es utilizada por los Bancos Centrales y busca influenciar algunas variables agregadas; comúnmente a través del manejo de la oferta de liquidez y de los tipos cambiarios. Entre sus objetivos también se encuentra el crecimiento del ingreso y del consumo, compra y venta de divisas, y control de la “inflación objetivo”. Sin embargo, a diferencia de su contraparte, la política fiscal, la política monetaria ha tenido generalmente un mayor énfasis en el control de la inflación, la liquidez, el tipo de cambio, y otras variables nominales. Con el fin de influenciar estas variables, las autoridades emplean principalmente la tasa de interés y los agregados monetarios; esto es, las diferentes clases de dinero y su cantidad en circulación dentro de la economía. Para comprender cómo y por qué funciona la política monetaria es necesario mencionar dos elementos. En primer lugar, al igual que sucede con cualquier otro bien o servicio, el dinero o liquidez tiene un costo y, en este caso, se trata de una porción de este mismo: la tasa o tipo de interés. En segundo lugar, el dinero como depósito de valor tiene algunas particularidades técnicas respecto de otros bienes que permite que pueda ser destinado tanto a la inversión como al ahorro.  

En este sentido, alteraciones en el costo del dinero se traducen en cambios en las decisiones de consumo de los individuos por liquidez. Si aumenta la tasa de interés, se espera que los consumidores y las empresas reduzcan sus niveles de consumo e inversión en la medida que la cantidad de dinero que deben retornar al prestamista a la terminación del plazo es mayor. Bajo este escenario, los actores del mercado preferirán sustituir su inversión por ahorro y adquirir un CDT, por ejemplo, porque las instituciones financieras retornarán una mayor cantidad de dinero al finalizar el plazo.  

Descartando algunos tecnicismos, lo opuesto indica que una menor tasa de interés aumenta la inversión. Sin embargo, mayor inversión se traduce en mayor dinamismo en la economía, ya que se espera un aumento en la capacidad productiva; aunque también se traduce en aumentos en la inflación, debido a aumentos en el consumo posibilitados porque con una menor tasa de interés los agentes consumen más de lo que la economía a corto plazo puede producir. Aquí es cuando la política monetaria debe buscar un balance de acuerdo con sus objetivos. 

En la realidad, hacer política monetaria no es tan sencillo como decretar un tipo de interés y que las instituciones financieras que captan dinero del público y ofrecen crédito adopten directamente este costo por la liquidez. Como sucede con cualquier otro bien o servicio, el costo del dinero se determina principalmente por dinámicas de oferta y demanda. Si hay mayor cantidad de liquidez en el mercado su costo será menor, y viceversa.  Lo que sucede comúnmente es que las autoridades monetarias alteran la cantidad de dinero que otorgan a las instituciones financieras privadas en forma de préstamo y, de esta manera, el tipo de interés varía. Luego, se espera que las instituciones privadas transfieran estas variaciones al público a través de sus propias tasas activas y pasivas.  

Suponiendo una mala racha en la economía, por ejemplo, periodos de decrecimiento del PIB o de reducción en la tasa de crecimiento e ignorando cuestiones inflacionarias, la respuesta de la política monetaria debería ser la de reducir el tipo de interés para incentivar la inversión y generar dinamismo en la economía. Sin embargo, ¿qué sucede cuando la tasa de interés es tan baja que se está acercando al límite inferior de cero? ¿Cómo es posible, bajo este escenario, generar este dinamismo? ¿Es posible tener tasas de interés negativas? La respuesta a estas preguntas se desarrollará a continuación. En resumidas cuentas, la política monetaria tradicional pierde su capacidad dinamizadora, pero es posible hacer uso de otras herramientas monetarias menos convencionales. Además, las tasas de interés negativas sí son posibles y, bajo algunas condiciones, pueden ser utilizadas como objetivo de política económica. 

 El Zero Lower Bound o Límite Inferior de Cero (ZLB), como su nombre lo dice, es un problema macroeconómico que surge cuando la tasa de interés objetivo de las autoridades monetarias se acerca a este nivel. Cuando esto ocurre, y la economía evidencia aún un desempeño inferior al potencial, la política monetaria tradicional pierde efectividad y no puede generar un estímulo mayor. Por una parte, no es posible reducir el costo del dinero por debajo del cero, de manera que no es factible incentivar la inversión por parte de consumidores y firmas. Por otro lado, cuando la tasa de interés es tan baja, se corre el riesgo de caer en una trampa de liquidez. Esta se entiende como la situación en la que las tasas de interés son tan bajas que los agentes prefieren retener el dinero antes que inventirlo, paralizando la economía. Esto se da como combinación de tasas de interés bajas y de elevado apetito por el ahorro.  

Existen mecanismos económicos relacionados con el comportamiento del precio de los bonos libres de riesgo del gobierno que producen que los agentes del mercado mantengan una preferencia por el ahorro en vehículos financieros muy seguros y con poco rendimiento. En pocas palabras: las personas prefieren adquirir productos relativamente líquidos y seguros, como ciertos tipos de CDTs  e incluso cuentas convencionales de depósitos. Esto porque intuyen que tasas de interés tan bajas son señal de una economía débil y, de esta manera, en primer lugar, optan por conservar liquidez para evitar futuros aprietos y, en segundo lugar, no invierten en bonos del gobierno porque esperan que su precio sufra una caída al momento de subir las tasas. Esto es precisamente lo que ocurre en una trampa de liquidez.  La discusión sobre el ZLB se torna compleja cuando se realiza la distinción entre la tasa de interés real, que refleja el rendimiento del dinero descontando la inflación, y la tasa de interés nominal, que no realiza este cómputo. Para los efectos de este texto no se realizará esta distinción. 

En Colombia, la autoridad monetaria y cambiaria es el Banco de La República. El Banco ha tenido desde hace algunos años una política de inflación objetivo, de manera que sus políticas están enfocadas al mantenimiento del poder adquisitivo. Esto no implica que entre sus objetivos no se pondere el crecimiento del ingreso. De hecho, desde abril de 2018 hasta marzo de 2020, cuando la epidemia de COVID-19 paralizó la economía mundial, la tasa de intervención objetivo se encontraba en 4,25%, correspondiente con las expectativas de crecimiento y el crecimiento real de la economía del país, que se encontraba desde hace algunos años por debajo de su nivel potencial. “Según Maiguashca, codirectora del Banco, el país no tiene margen para reducir aún más las tasas de interés precisamente por este crecimiento subóptimo.” (A. F. Maiguashca, comunicación personal, 11 de marzo de 2020). A lo anterior se suma que la inflación ha mostrado niveles superiores a los esperados también. Estas condiciones pueden generar expectativas negativas que, en caso de converger hacia tasas de interés más bajas, podrían producir una trampa de liquidez con altas tasas de ahorro y un tipo de interés muy bajo (“Colombia se queda sin margen para bajar las tasas de interés”, 2019).   

Para responder las preguntas previamente planteadas, el caso de Suiza resulta interesante. En junio de 1972, el Swiss National Bank (SNB) empezó sus primeros acercamientos a las tasas de interés negativas, al imponer un cargo de penalización del 2% por trimestre en el aumento de los depósitos de francos suizos (CHF) de no residentes. El propósito era contrarrestar la apreciación de su divisa, que ocurría debido a que los inversores, por aquel entonces, intentaban huir de la inflación en otros países desarrollados y utilizaban como valor refugio el franco suizo. El régimen de tipo de interés negativo duró hasta octubre de 1973. Pero la tasa de interés negativa se reintrodujo rápidamente en noviembre de 1973, al 3% por trimestre, y luego aumentó a 10% por trimestre en febrero de 1978, para ser abandonada finalmente luego de unos meses (Martin, 2016). 

En 2014, el entorno económico global empezó a tensionarse por el conflicto geopolítico de la región, y la caída del rublo y del precio del petróleo. Adicionalmente, Suiza enfrentaba un débil crecimiento económico y preocupaciones por la deflación monetaria (BBC Mundo, 2014). El 18 de diciembre de 2014, el SNB decidió imponer una tasa negativa del 0,25% sobre algunos depósitos en francos suizos. Más adelante, en enero de 2015, el Banco disminuyó la tasa de interés sobre los depósitos a -0,75%, se eliminó el piso para el tipo de cambio y se estableció entre -1,25% y -0,25%, valores que mantuvo durante años. (Martin, 2016, p.47). Cabe resaltar que, debido a la buena situación económica de Suiza, fue necesario un choque exógeno de proporciones globales, entendido como la pandemia de COVID-19, para obligar al SNB a replantear su política macroeconómica. 

En noviembre de 2019, la USB GA, una compañía que “brinda asesoramiento financiero y soluciones a clientes privados, institucionales y corporativos en todo el mundo, así como a clientes privados en Suiza”, decide analizar los impactos de las tasas de interés negativas en su compañía y la economía suiza, encuestando a 2,500 dueños y gerentes de negocios en el país. Los resultados arrojaron que cuatro quintos de las empresas encuestadas no se ven directamente afectados. Además, muy pocas empresas se benefician de las tasas de interés en préstamos o hipotecas, ya que la mayoría de las PYMES suizas están libres de deudas o no han obtenido créditos.  

Lo anterior parece sugerir que, si bien un régimen de tasas de interés negativas puede ser sostenible, y la economía suiza logró mantener su estabilidad durante periodos relativamente prolongados de tiempo, los efectos de este esquema son discutibles. Tanto Suiza como otros países que han implementado el ZLB han reportado problemas con esta política macroeconómica, principalmente ligados a los mayores costos de importación, disparidad entre la estabilidad de precios o un tipo de cambio más débil y dificultad en la flexibilización monetaria, lo cual ha puesto en duda su posible eficacia al ser aplicado en otras economías. A continuación, se mencionarán algunas de las posibles soluciones a las complicaciones que comúnmente surgen, basadas en el modelo de William Buiter.  

Primero, puede funcionar retener la moneda anterior si no se requiere depender de la demanda a una paridad fija con las reservas de los bancos centrales. Un país puede establecer una nueva moneda local, llamémosla "moneda determinada", sin tener que abandonar completamente la anterior, por ejemplo, el euro o el dólar estadounidense. Asumiendo que sea plausible para el banco central hacerlo, el siguiente paso es reemplazar el dinero metálico a la moneda determinada, y mantener la antigua en todo tipo de contratos. Sin la moneda anterior, las tasas de interés de la nueva moneda pueden ser inferiores. El banco central puede establecer la secuencia de los tipos de cambio al contado, o de los tipos de cambio al contado y a plazo, entre ambas monedas (Buiter, 2009). 

Segundo, una versión de tipo de cambio flotante del modelo de “moneda determinada”. Fijar el valor inicial del tipo de cambio entre una unidad de bonos de la moneda y una unidad de oro, por ejemplo, durante un período en que la tasa de interés de los bonos sea negativa después de ser positiva en el período anterior, de nuevo requieren una condición de límite terminal o una fijación por parte del gobierno. En el caso de la moneda fiduciaria, las autoridades ciertamente tienen la capacidad de establecer el valor del tipo de cambio en cualquier período, ya que pueden emitir cualquier cantidad de moneda (no negativa) (Buiter, 2009). 

Tercero, implica desacoplar la función numéraire de la moneda, reteniendo sus funciones y de medios de pago/cambio. Numéraire se define en economía como “un artículo o mercancía que actúa como una medida de valor o como un estándar para el cambio de divisas” (Dictionary.com; Oxford University Press, s.f.). 

Continuando con las estrategias anteriores, los agentes privados y las autoridades son libres de emitir y mantener reclamos contingentes en ambas monedas. Específicamente, hay bonos seguros de un período denominados en ambas unidades. La clave para la efectividad es que la curva Phillips, definida como “una supuesta relación inversa entre el nivel de desempleo y la tasa de inflación” (Dictionary.com; Oxford University Press, s.f.), del nivel de precios de la moneda anterior sigue siendo el operativo y que la tasa de inflación que preocupa a las autoridades es la tasa proporcional de aumento en el nivel general de precios de la misma moneda (Buiter, 2009). 

Para finalizar, las tasas de interés negativas no deben ser entendidas como una única estrategia que afectará todo el rendimiento de la economía de un país. Como se discutió en el caso de Suiza, las entidades monetarias encargadas son las que establecen las condiciones de esta política y predicen su posible impacto, al establecer un porcentaje que consideren conveniente. El contexto de cada país es único y requiere de estrategias diferentes, por lo que se debe tener en cuenta las posibles trampas de liquidez y los efectos devastadores de estas al aplicarse en contextos en los que no sea propicio. También vale la pena resaltar que el ZLB puede pasar de ser un problema macroeconómico a una estrategia para contrarrestar los ciclos económicos de ciertos países, siempre y cuando las autoridades financieras competentes establezcan bien las condiciones y tomen en consideración los posibles efectos adversos. 

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