ECONOMIA EN TIEMPOS DE COVID-19: QUÉ SE HA HECHO HASTA EL MOMENTO Y CÓMO AFRONTAR LO QUE SE VIENE

Economía en tiempos de Covid-19: Qué se ha hecho hasta el momento y cómo afrontar lo que se viene

Gabriela Mejía Becerra

Subdirectora de Comunicaciones

Estudiante de Economía y Ciencia Política

g.mejiab@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

 

Juliana Bonilla Rojas

Directora Editorial

Estudiante de Administración de empresas y Economía

j.bonilla@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

 

Sin duda, la coyuntura actual del COVID-19 representó un cambio en todas las perspectivas que se tenían para la década siguiente, e incluso se habla de que va a cambiar la forma de pensar la economía de ahora en adelante. La pandemia es un hecho sin precedentes; y realmente pensar en que tendríamos que detener casi por completo el aparato productivo, debido a una pandemia, parecía hasta hace poco una historia de película. El mundo ha debido hacerle frente no sólo a una enfermedad de gran contagio y que ha generado el colapso de los sistemas de salud de numerosos países, sino también al detenimiento de una economía que ha perdido dinamismo con las acciones que deben tomarse para “aplanar la curva.” A través de una serie de políticas que van desde la interrupción de la movilización aérea y el cierre de fronteras, hasta la prohibición a salir para adquirir bienes de primera necesidad en días diferentes según el género, gobiernos centrales y locales buscan maneras de reducir el contagio. Ante esta coyuntura, se ha tenido que plantear medidas sin precedentes que logren compensar la pérdida de bienestar por las ordenes de aislamiento que se han tomado. Estas inevitablemente afectan a la economía por ambos frentes: debilitan la oferta con el cierre del aparato productivo y disminuyen la demanda por la caída de los ingresos y el confinamiento de las personas en sus hogares. Así, con el dinamismo económico disminuyendo, la emergencia por la pandemia deja a su paso en gran vulnerabilidad a miles de hogares. Las políticas fiscales y monetarias centradas hacia una mitigación de los efectos del confinamiento no se han hecho esperar, pero estas sin duda no serán suficientes para compensar todo lo que implica la caída de la economía que además se vio perjudicada por una caída radical en los precios del petróleo, por lo que es necesario pensar en una manera sostenible de mantener la economía funcionando sin poner a la población en riesgo de contraer el virus.

 

Para empezar, en términos de política fiscal, la situación impredecible del COVID-19 no llegó en el escenario más deseable; sin embargo, tampoco llegó en el peor momento. El panorama fiscal previo a la pandemia y sus proyecciones bajo el cumplimiento de la Regla Fiscal pueden observarse en las gráficas 1 y 2

 

Gráfica 1: Déficit del Gobierno Nacional Central (% PIB)

Tomado del material de Seminario de Economía, Política Social, Equidad y Pobreza: Política Fiscal. Santamaría y Escobar (2020

Tomado del material de Seminario de Economía, Política Social, Equidad y Pobreza: Política Fiscal. Santamaría y Escobar (2020

Gráfica 2: Deuda Bruta del Gobierno Nacional Central (% PIB)

Tomado del material de Seminario de Economía, Política Social, Equidad y Pobreza: Política Fiscal. Santamaría y Escobar (2020)

Tomado del material de Seminario de Economía, Política Social, Equidad y Pobreza: Política Fiscal. Santamaría y Escobar (2020)

Desde la caída de los precios del petróleo en el 2014, que generó un deterioro en la situación fiscal de un Estado que alcanzó su máximo nivel de déficit en 2016, los niveles de déficit y deuda habían logrado estabilizarse y recuperarse, ubicándose sobre la senda de la regla fiscal. Sin embargo, en 2019, el Gobierno tomó la decisión de relajar las metas de déficit dada la crisis migratoria y los recursos adicionales que debían destinarse a la atención humanitaria de los migrantes, lo cual si bien generó polémica a nivel político junto con otros factores no fue lo suficientemente grande para poner en peligro la sostenibilidad fiscal de la nación (Dinero, 2020). Así, la Colombia que hoy debe afrontar la crisis del COVID-19 se encontraba de por sí con dificultades para cumplir con sus obligaciones en términos de la regla fiscal dado su panorama, por lo que su Marco Fiscal de Mediano Plazo ha tenido que aplazar sistemáticamente sus metas de reducción del déficit. (Gráfica 3)

 

Gráfica 3: Reducción del déficit del Gobierno Nacional Central según Regla Fiscal (% PIB)

Tomado del material de Seminario de Economía, Política Social, Equidad y Pobreza: Política Fiscal. Santamaría y Escobar (2020)

Tomado del material de Seminario de Economía, Política Social, Equidad y Pobreza: Política Fiscal. Santamaría y Escobar (2020)

No obstante, si bien el panorama fiscal puede no ser el más optimista, no cabe duda de que el aumento del gasto y la adopción de un paquete de acciones (que ya se han tomado y que deberán tomarse en el futuro próximo) para garantizar la menor pérdida posible en el entramado económico y social de la sociedad colombiana tras los efectos del confinamiento son completamente necesarias. Por ende, actualmente no es momento para ser reservados con el gasto y la deuda para proteger la situación fiscal, al menos en el corto plazo. Especialmente, porque incluso el comité consultivo de la regla le ha permitido al poder ejecutivo acogerse a las cláusulas de la regla fiscal que permiten el gasto contra cíclico cuando el crecimiento económico se encuentre 2 puntos porcentuales o más por debajo de su tasa de crecimiento de largo plazo o exista una brecha del producto negativa, situación que en la actual coyuntura parece inevitable: incluso se han ajustado proyecciones del crecimiento a una tasa del -5,5% (Dinero, 2020)

 

Las medidas adoptadas hasta el momento por el Gobierno Nacional pueden enmarcarse en un contexto de emergencia económica, la cual fue decretada desde el pasado 17 de marzo y destinó $14.8 billones para la atención a la Emergencia del COVID-19. Entre estas están aquellas relacionadas con los asuntos de salud pública y del fortalecimiento del sistema para hacerle frente al virus, como la eliminación de restricciones de presupuesto, la compra de ventiladores y la importación de pruebas diagnósticas. Adicionalmente, se han incluido acciones para reducir la pérdida de bienestar que sufren los hogares y las empresas con las ordenes de aislamiento obligatorio. Especialmente, porque estas deben tomarse para evitar el colapso del sistema sanitario, pero tienen efectos negativos ya que impactan tanto la oferta agregada como la demanda agregada de la economía. Así, el Gobierno debe generar esfuerzos para realizar transferencias monetarias a los sectores vulnerables, devolución del IVA, subsidios a la nómina de empleados de MiPymes, garantías acceso a crédito y suspensión del pago de aportes a pensión por 3 meses, entre otras.

 

Por otra parte, en términos de política monetaria, la emergencia generada por el COVID-19 ha llevado a un incremento del riesgo, donde se genera el fenómeno fly to quality según el cual los capitales especulativos se desplazan hacia activos financieros de menor riesgo. Esto, aumenta la demanda por dólares y conlleva a una devaluación del peso. Esto no solamente lleva a una disminución en la confianza de los consumidores; sino también a un encarecimiento de los bienes importados y a un mayor efecto inflacionario, que también es presionado por la reducción de la oferta, que a su vez reduce el espacio que se tiene para realizar política monetaria expansiva que permita incentivar el consumo (Fedesarrollo, 2020). Sin embargo, los mandatos de aislamiento tomados para afrontar la pandemia también generan presiones inflacionarias a la baja, “La demanda continuaría afectada durante varios trimestres, lo cual limitaría las alzas de precios en general” (Banco de la República, 2020). Esto último amplía nuevamente el margen de maniobra del Banco de la República.  En la gráfica 3 se puede observar el comportamiento de la inflación en el mes de marzo. Por lo tanto, las proyecciones del Banco de la República para la inflación al finalizar el 2020 son de 3,4%, lo que sólo excede ligeramente la meta inflacionaria del banco (3,0%)

Gráfica 3: IPC total e indicadores de las canastas básicas (variación anual)

Fuente: Banco de la República

Fuente: Banco de la República

Ante este panorama, la Junta Directiva del Banco de la República tomó varias decisiones con las que esperan inyectarle liquidez a la economía, entre estas se encuentran la ampliación de los montos, contrapartes, garantías y plazos de las operaciones de expansión transitoria (repos) del Banco de la República; compras definitivas de títulos públicos y privados; reducción del encaje en 2 puntos porcentuales en promedio (de 7% a 5%); reducción de la tasa de interés de política y coberturas cambiarias y liquidez en dólares. (Banco de la República, 2020) Todo lo anterior, con el fin de dinamizar la economía en el corto plazo en esta época de casi un detenimiento completo del aparato productivo; y otorgarle liquidez a una economía que está aumentando su demanda de dinero.

 

Si bien las decisiones fiscales y monetarias que se han tomado hasta el momento parecen estar encaminadas en la dirección adecuada, es importante recalcar precisamente la inviabilidad de estas en el largo plazo y en la necesidad de reactivar tan pronto como sea posible la economía. Es incierto saber lo que pasará en Colombia después de la crisis que se está atravesando por cuenta del COVID-19. Sin embargo, aunque los acontecimientos que suceden diariamente son inesperados, es posible hacer algunas previsiones de los impactos en materia económica de esta situación. Para empezar, Fedesarrollo ha realizado estimaciones del impacto sobre la tasa de crecimiento de la economía colombiana a través de la modelación de escenarios. Así, ha concluido que la tasa podría contraerse, en el escenario más favorable (es decir, con una cuarentena que se acabe en mayo), un 2,7%. No obstante, en el caso en el que se haga necesario un confinamiento durante el segundo semestre del año, la caída del PIB podría ubicarse en el 5%. Incluso, plantean que en un escenario pesimista la contracción económica sería del orden del 7,9% ([Mejía, 2020] en Delgado, 2020). 

Además, estas afectaciones sobre la actividad económica nacional tendrán un importante efecto negativo en el empleo. De acuerdo con Fedesarrollo, 22 millones de trabajadores en Colombia se han visto afectados de algún modo a causa del confinamiento (Fernández, 2020), mientras que el desempleo ascendería al 20% (Mejía, 2020). Además, profesores de la Universidad de los Andes han manifestado que alrededor de 9 millones de colombianos están en un alto riesgo de pérdida de ingresos dado que sus trabajos se ubican en sectores que no son compatibles con un aislamiento social (Grupo de investigación en Macroeconomía, 2020). Por lo tanto, después de la pandemia el reto será aunar esfuerzos para aumentar el empleo.

De hecho, este impacto podría ser mucho mayor dado que Colombia es una economía primordialmente informal. Es decir, la mayoría de los trabajadores, alrededor del 60% a nivel nacional, no contribuye a seguridad social ni a pensiones y en muchos casos deviene salarios que están por debajo del mínimo. Así, de acuerdo con Mauricio Santamaría, director de la ANIF, resulta imperioso disminuir la informalidad laboral, lo cual requiere de la disminución de los costos de la formalidad. No obstante, dada la impopularidad de las acciones que esto implicaría, es muy poco probable que alguna medida sustancial sea tomada. En consecuencia, por más que durante esta crisis nos estemos dando cuenta de la gravedad de un mercado laboral con alta informalidad, en el que solo unos pocos privilegiados pueden conservar con normalidad sus empleos, es muy posible que una vez superada esta crisis no se tome acción alguna para disminuir la informalidad laboral (Santamaría, M. en Delgado, P., 2020)

De esta forma, es evidente que una economía post confinamiento estará marcada por un desempeño económico desalentador no sólo en Colombia, sino a nivel mundial. Inclusive, ya se dice que estamos en medio de una recesión de proporciones similares a la de la crisis del 29 a causa de la gran contracción de la demanda y la oferta que se está experimentando a nivel mundial. Entonces, después del confinamiento los desafíos se concentrarán en reactivar la demanda y el aparato productivo nacional. Para esto, son necesarias políticas fiscales y monetarias coordinadas con las decisiones de los gobiernos municipales y departamentales para evitar nuevas olas de contagio y proteger la salud, mientras que se retoma la actividad económica.

Ahora bien, es evidente que más allá del plano económico, la vida después de la pandemia cambiará sustancialmente, pues el virus llegó para quedarse. Así, se hace necesario que nos concienticemos de que la normalidad a la que estábamos acostumbrados no volverá. En cambio, es muy probable que las reuniones masivas de personas no se vuelvan a presenciar durante un buen tiempo. A su vez, es de esperar que las normas de distanciamiento social continúen. En consecuencia, es necesario que adaptemos nuestras costumbres a un nuevo estilo de vida, que implicará un cambio en la manera en cómo nos comportamos como agentes económicos y como miembros de la sociedad.

Así pues, la reinvención de las empresas y negocios es clave para esta nueva etapa que viviremos. Lo anterior, no sólo porque así lo exigirán las autoridades sanitarias, sino porque los comportamientos del consumidor cambiarán. En otras palabras, persistirá el miedo a estar en sitios públicos por un posible contagio, las labores de higiene deberán ser más estrictas y en general el contacto se verá muy limitado. De hecho, se contempla que los sectores hotelero y restaurantes, una vez abiertos de nuevo al público alrededor de finales de mayo, deberán seguir unos protocolos específicos para la prevención del virus. En el caso de los hoteles, se espera que su apertura se dé al 100% de la capacidad, pero con limitaciones como: acceso a restaurantes restringido, desinfección constante y restricción de servicios comunes. Mientras tanto, los restaurantes podrían trabajar al 25% de su capacidad, con toma de temperatura al ingreso, servicios a la mesa con un mínimo de 2 metros de distancia y divisiones entre las mesas (Coneo, 2020).

De igual forma, serán muchos más los sectores que se transformarán radicalmente, como es el caso del sector aeronáutico, educación, turismo y entretenimiento. Estos sectores han sido de los más afectados por cuenta de las restricciones a la movilidad y al contacto físico. De esta forma, el reto será rediseñar los modelos de negocio para cumplir con las medidas sanitarias, satisfacer los deseos de los consumidores y obtener utilidades.

Adicionalmente, las nuevas iniciativas de negocios que surgirán después del confinamiento deben asimilar que el mundo ya no es el mismo de antes. Por consiguiente, ahora más que nunca es necesaria la innovación en todos los sectores. Esta innovación deberá estar de la mano con la virtualidad, que de ahora en adelante cobrará cada vez más importancia en todos los aspectos de la vida

En conclusión, no cabe duda de que la pandemia del Covid-19 llegó al país a cambiarlo todo radicalmente. Así, las políticas monetarias y fiscales han tenido que ajustarse de manera tal que el impacto económico se vea mermado de alguna manera. Asimismo, después de superada esta emergencia, es evidente que la nueva normalidad será diferente a la que estamos acostumbrados. Esto, porque inevitablemente tendremos que superar una aguda contracción económica, en la que más que nunca será necesaria la innovación para adaptar los negocios existentes y nuevos a las nuevas exigencias de los consumidores, quienes posiblemente se preocuparán cada vez más por las regulaciones sanitarias. 

 

Referencias

 

Banco de la República (2020). Informe de Política Monetaria abril 2020. Recuperado de https://www.banrep.gov.co/es/informe-politica-monetaria-abril-2020-0

Coneo, M. (2020). “El protocolo a seguir para la reapertura de los restaurantes y hoteles nacionales”. La República. Recuperado de https://www.larepublica.co/ocio/el-protocolo-a-seguir-para-la-reapertura-de-los-restaurantes-y-hoteles-nacionales-3005639

Delgado, P. (2020). “¿Qué tan mal le va a ir a la economía colombiana este año?”. [Entrevista a Mauricio Santamaría y Luis Fernando Mejía]. Recuperado de https://www.elespectador.com/coronavirus/que-tan-mal-le-va-ir-la-economia-colombiana-este-ano-articulo-918666

Dinero (2020). “PIB de Colombia para 2020 por Coronavirus”. Revista Dinero. Recuperado de https://www.dinero.com/economia/articulo/pib-de-colombia-para-2020-por-coronavir

Fernández, C. (2020). “Impacto del Coronavirus en el mercado laboral en Colombia”. Portafolio. Recuperado dehttps://www.portafolio.co/economia/empleo/impacto-del-coronavirus-en-el-mercado-laboral-coronavirus-colombia-540061

Grupo de investigación en Macroeconomía. (2020, abril 1). “La vulnerabilidad del empleo a la emergencia de COVID19”. Facultad de Economía de la Universidad de los Andes. Nota Macroeconómica No.11.

Mejía, L.F. (2020). “Choque Dual y posibles efectos sobre la economía colombiana”. Fedesarrollo. Recuperado de https://www.fedesarrollo.org.co/sites/default/files/DocumentosTrabajo/2020-03-26_choque_dual_y_posibles_efectos_sobre_la_economia_colombiana.pdf

Mejía, L.F. (2020). “Colombia needs to think bigger to escape crisis”. Americas Quarterly. Recuperado dehttps://www.americasquarterly.org/article/colombias-way-out-of-the-crisis/