AJUSTE DE DECISIONES DE CONSUMO SOSTENIBLES A TRAVÉS DE HERRAMIENTAS DE LA ECONOMÍA DEL COMPORTAMIENTO: UNA MIRADA ALTERNATIVA A LA PROBLEMÁTICA AMBIENTAL

Ajuste de decisiones de consumo sostenibles a través de herramientas de la economía del comportamiento: una mirada alternativa a la problemática ambiental

 

Jorge Alberto Guerra

Subdirector de entrevistas

Estudiante de economía

ja.guerrae@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

 

Juan Camilo Montenegro

Miembro de Edición y Revisión

Estudiante de economía y psicología

jc.montenegro@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

  

La problemática ambiental nos exige ser creativos en la búsqueda de soluciones para enfrentarle, pues lo que está en juego es el devenir de nuestro planeta. Este texto fue el resultado de escuchar esta exigencia, y espera ser un medio para que otros  también respondan frente a ésta.

El presente artículo tiene como objetivo mostrar, a través de las herramientas de la Economía del Comportamiento (EC), cómo consumidores y productores pueden contribuir a la sostenibilidad ambiental de cara a la nueva década., a través de las herramientas de la Economía del Comportamiento (EC), se puede contribuir a la sostenibilidad ambiental de cara a la nueva década por parte de los consumidores y productores. Además de todas las herramientas tradicionales que los gobiernos tienen para combatir el deterioro ambiental  de los gobiernos (impuestos a la contaminación, subsidios para compra de capital sostenible, restricciones en movilidad, entre otras) para combatir el deterioro ambiental, también se pueden considerar herramientas psicológicas que tienen como base estructuras de incentivos para que los agentes según las cuales partir de la maximización de bienestar individual se, puedan tomar decisiones que sean ambientalmente sostenibles. Para cumplir con el propósito del texto, expondremos 4 ejemplos de este tipo de herramientas, proporcionando estadísticas que demuestran su efectividad. Asimismo, explicaremos los mecanismos y efectos que pueden tener dichas herramientas, de modo que, al concluir el texto, el lector se encuentre convencido del valor de la Economía del Comportamiento (EC) en el trato de la problemática ambiental.

Cuando se habla de incentivos bien alineados se hace referencia a incentivos que, en la medida de lo posible, no tengan un enfoque punitivo o restrictivo hacia los agentes (Thaler, 2009). Hay dos enfoques a través de los cuales se puedenformas para alinear los incentivos con los intereses de los agentes. Una forma es gravar fiscalmente o multar a los responsables de contaminar, por ejemplo: impuestos sobre emisiones de efecto invernadero. El segundo es el “sistema de líimites e intercambio”, en donde se asigna o se vende un derecho para contaminar hasta un límite máximo y después se crea un mercado de estos mismos. En el mercado, las firmas innovadoras que logran reducir sus emisiones pueden vender el derecho a emitir contaminación a aquellas firmas que contaminan más allá de su cuota asignada. Aunque no es original de la EC, lo propuesto por Thaler (2009) es más cercano al segundo enfoque, ya que los incentivos son más eficaces y siguen alineados con los intereses de cada agente. Incluso, un enfoque alternativo aún más en línea con las dinámicas de la Economía del Comportamientoordenado con la EC podría emplear subsidios para las firmas que tratan de disminuir los riesgos que traedisminuyan la contaminación a causa de sus actividades.

Contrario al enfoque punitivo, incentivos bien alineados permiten dejar a libertad de elección las decisiones que toman los agentes. Así, lo mejor es gravar el comportamiento perjudicial (ej. Aquellas empresas que contaminan por encima de su cuota) y dejar que el mercado donde eventualmenteasí el precio de los bienes que causan perjuicios aumentará y su consumo disminuirá (ej. Impuestos a la gasolina). Las empresas por su parte prefieren sistemas de líimites e intercambios a  regulaciones más rígidas, ya que dichos sistemas promueven más la libertad, innovación y adicionalmente imponen costos menores al gobierno (Thaler, 2009).

 Cabe recalcar que un peligro existente en el diseño de dichos sistemas es la creación de de incentivos se generen incentivos perversos quey se puedan ocasionar una fallas en dichos mercados. El sistema de líimites e intercambios es eficiente porque aquellos que reducen la contaminación por debajo de un nivel determinado pueden vender sus “derechos de emisión”. Este sistema recompensa, a través del mercado, a aquellos que son capaz de innovar para controlar la contaminación en vez de castigar. De hecho, el protocolo de Kioto tiene en sus estamentos unas reglas diseñadas para estos propósitos son cada vez más usadas a nivel internacional (Nordhaus & Boyer, 2003). internacional.

 Asimismo, estos sistemas han funcionado en la Unión Europea (UE). El Sistema de Permisos de Emisión Comerciables (EU-ETS) cubre aproximadamente el 40% de las emisiones de gas de efecto invernadero. Este sistema le otorga a la industria de cada país permisos para emisiones fijas donde para cada tonelada de CO2 emitida anualmente es necesario obtener un permiso, los cuales solo se pueden tranzar en periodos de intercambio (el primero fue entre 2005 y 2007) (OXFORD UNIVERSITY PRESS, 2007). Las industrias que están incluidas son: la mineríaa, energíaética, hierro, y acero, papel y madera. El programa ha tenido un éxito relativo, ya que entre 2005 y 2006 el incremento de emisiones verificadas fue del 0,3% mientras que el crecimiento económico de la UE fue de 3%. El 99% de las firmas cumplieron con las regulaciones e investigaciones recientes arrojan que la reducción fue de entre 50 y 100 megatoneladas de CO2 anuales, lo que equivale a un 2.5% de reducción en dichos tale.

 Cabe entonces mencionar que estos sistemas pueden tener una potencial inviabilidad política. Lograr que se aprueben este tipo de leyes a veces puede ser difícil. Las firmas que no tienen la capacidad de innovar para reducir la contaminación tienen incentivos a sobornar y/o hacer lobbies con funcionarios de los gobiernos, ya que esto podría salirle más barato que innovar. Aunque cobrar impuestos a las emisiones puede ser también impopular, si es acompañado de reducciones a otros impuestos como impuesto a la rentaorenta y/o reducción a fondos de seguridad social pueden tener mejores resultados.

 Surge entonces otra posible estrategia del lado de los consumidores: el feedback. Consiste en mejorar el feedback a estos agentes mediante información transparente acerca de las emisiones de las empresas. Son estrategias menos caras y reducen las asimetrías de información entre consumidores y empresas, aumentando la eficiencia del mercado, razón por la cual el Eestado tiene una intervención mínima, pero con un efecto relevante (generar que las empresas reduzcan sus emisiones). Aunque ecologistas puedan no estar de acuerdo (podrían creer que con la transparencia de información no se consiguen cambios mucho), la información puede ser un motivador sorprendentemente fuerte. En todas las partes del mundo la información se emplea como un instrumento de regulación y un ejemplo es que la Agencia de Protección ambiental haya exigido etiquetas de riesgo para pesticidas y asbestos.

 El inventario de emisiones tóxicas creado en 2008 por ley en EE. UU es otro ejemplo de lo anterior. Los individuos y empresas debían informar la cantidad de sustancias químicas que habían almacenado y/o expulsado al medio ambiente y. quien lo deseara, podía consultar la información sobre las emisiones de 23 mil plantas en la web de la Agencia de Protección Ambiental. El estar sometidos a la opinión pública que generó un incentivo a la reducción de contaminantes emitidos. 23 mil instalaciones ofrecen información que significan más de dos millones de toneladas emitidas y residuos. Este hecho implicó una reducción significativa de las emisiones toxicas en el país (Fung, A., O'rourke, D., 2000)), la exposición pública de la cantidad de contaminantes que las empresas emitían generó que se vieran incentiv. de alguna forma.

 Lo importante de esto fue que la conducta de los agentes cambió sin ningún tipola necesidad de imponer restricciones de presión u obligación. Es decir, las empresas no fueronque sin obligadasar a ningún cambio decambiar su conducta. y gracias a la exigencia de trasparencia, la ley tuvo efectos enormes. También se utilizan listas en otros países y contextos medioambientales, como la limpieza de las playas y el reciclado en Italia, y un índice climático en los municipios suecos (Thaler, 2009). Una de las razones por la que estas iniciativas han tenido éxitos es porque los ecologistas han denunciado estos comportamientos, creando una especie de lista negra medio ambiental, siendo este un ejemplo de nudge social[1] con un coste bajo. Ninguna empresa quiere aparecer en el inventarioesta lista, pues significaría una mala imagen hacia el público y por lo tanto caída en los precios de sus acciones y mala publicidad, de manera que se generando que se cree una especiea de competición en donde las empresas adoptan más y mejores medidas para evitar que se les perciba como peligrosamente contaminantes, lo cuál harían por eliminar la mala publicidad y bajas en sus acciones (Larrick & Boll, 2008)

 Los gobiernos de otros países deberían crear también un inventario sobre gases de efectos invernaderos, que contenga la publicación de información de los emisores más importantes, permitiendo a las personas saber quiénes son los emisores más importantes y seguir la evolución en el tiempo. Es probable que los medios de comunicación y grupos interesados llamaran la atención sobre los emisores, efectuándose así un nudge social.

 Habría que decir también que, desde la perspectiva de los consumidores, no todas las decisiones económicas deben reducirse a la elección de un agente con interés propio. La psicología económica respalda la existencia de normas sociales que contribuyen al comportamiento ambiental voluntario, es decir, el hecho de que el comportamiento favorable al medio ambiente de los consumidores se base en preferencias altruistas, motivación moral, orientaciones del deber social y otras preferencias sociales. Según Gsottbauer (2013), hay evidencia empírica que indica que los consumidores son suficientemente altruistas, se preocupan por las expectativas de los demás y tienen preocupaciones generales sobre su responsabilidad social. Las estrategias políticas pueden entonces incluir el estímulo de las preferencias sociales, por ejemplo, para fomentar la acción y los acuerdos ambientales voluntarios. Políticas efectivas para abordar estas situaciones incluyen recompensas y castigos sociales[2], y canales de información a través de los cuales las normas sociales pueden ser mediadas y vinculadas a la variedad de problemas de externalidad ambiental.

 Como ejemplo de lo anterior, se encontró en un estudio recogido por Brent, Friesen, Gangadharan, & Leibbrandt sobre gasto doméstico de energía que “los hogares no solo conservan la energía y el agua para reducir sus facturas, sino que también pueden recibir la utilidad del altruismo asociado con la conservación del bien público” (2017).  De este modo, observamos que en problemáticas como esta nos encontramos frente a un conjunto dual de motivaciones, luego se necesita que las políticas sean abordadas más allá de los incentivos económicos tradicionales, tales como precios y subsidios, y que aprovechen las motivaciones morales o sociales para reducir el consumo de comunes y así conservar de forma más eficaz el medio ambiente.

 Recogiendo entonces las consideraciones anteriores, se puede decir que la política debe ir más allá de la regulación tradicional basada exclusivamente en precio y mercado. Desde una perspectiva de bienestar ambiental se debe apuntar a estimular un cambio en las conductas rutinarias y que tenga en cuenta las motivaciones intrínsecas de cada decisión no amigable con el medio ambiente. Más aún cuando incentivos monetarios han mostrado en ocasiones ser contraproducentes, al englobar incentivos perversos en una dinámica ya explicada. Según Gsottbauer (2013), la política climática como se ha propuesto tradicionalmente no funciona tan eficiente y efectivamente debido a racionalidad limitada y otras preferencias consideradas. La economía conductual en cambio ofrece una perspectiva distinta sobre la toma de decisiones que podrían llegar a cubrir problemáticas urgentes como la mitigación y reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, facilitando así la adaptación de políticas a un entorno donde el cambio climático es una realidad.

 Así que es importante reconocer la noción de que el enfoque conductual puede llegar a ser más que un complemento en el hacer de política pública ambiental, incluso hasta ser considerado como la primera opción al afrontar este tipo de problemática. De hecho, tal noción se refuerza en el estudio de Lopez et al. (2012). En este se midió la efectividad relativa de la presión reguladora formal frente a métodos informales en el cuidado de bienes públicos en Colombia. Específicamente, el ejercicio se desarrolló con un grupo de pescadores y se buscaba entender los incentivos para el cuidado de las playas y muelles que ellos frecuentan. En los tratamientos con regulaciones formales, los participantes fueron auditados y penalizados con una multa si se determinaba que no cumplían con las pautas de limpieza y manejo de desechos. En los tratamientos informales por su parte se centraron en emociones de culpa y vergüenza como medio para inducir acciones cooperativas en favor del cuidado de los espacios comunes. “En el tratamiento de la culpa, a los individuos se les recordó en privado su acción y su impacto en los demás, mientras que en el tratamiento de la vergüenza la información sobre la decisión de contribución de cada individuo auditado se reveló públicamente al resto de la comunidad.”  Si bien el tratamiento de la culpa no fue efectivo para mejorar los resultados, se encontró que el tratamiento de la vergüenza, en el que revelan identidad y contribución de un miembro elegido al azar, aumentó significativamente las contribuciones a una tasa mucho mayor que el enfoque regulatorio.

 Esta manera de entender el problema no está limitada a los agentes pesqueros de la costa colombiana, situación que puede resultar ajena al lector de este texto. No obstante, estas herramientas se pueden extrapolar a la variedad de decisiones que día a día dejan una huella ambiental y que son innegablemente familiares, como decidir en qué transportarse o que manejo dar a la basura. El anterior ejemplo es simple, y la contaminación de las playas por parte de esta comunidad puede representar una escala pequeña del fenómeno global de contaminación. Sin embargo, revela un aspecto de profundidad en cuanto a la manera en que los agentes tomamos decisiones. Este estudio nos muestra como componentes psico-sociales se sobreponen a incentivos pecuniarios a la hora de determinar un comportamiento, por lo que nos invita a reconsiderar el acercamiento de la política ambiental actual.

 A manera de cierre, se concluye que la Economía del Comportamiento, en combinación con herramientas económicas tradicionales, pueden generar incentivos bien alineados en los agentes (individuos y empresas), que generen reducciones en la contaminación. Además, las motivaciones morales o intrasociales, con componentes psico-sociales, se sobreponen ocasionalmente a regulaciones limitadas al mercado, por causa de preferencias no consideradas que surgen a partir de esas motivaciones. Razón por la cual se hace manifiesta la necesidad de reconsiderar el acercamiento hacia la política ambiental vigente.

 El mundo se enfrenta, de manera constante, a grandes retos en términos medioambientales. A pesar de que cada tanto los principales países responsables de emisiones contaminantes firman acuerdos para su reducción, el seguimiento es muy pobre y estos se terminan incumpliendo. Generalmente, estos acuerdos tienen un carácter restrictivo, donde los incentivos no siempre son los correctos para reducir la contaminación, por parte de los consumidores y productores. Como se evidenció en los ejemplos anteriores, los agentes están dispuestos a reducir la afectación al planeta, siempre y cuando sus costos sean internalizados. Una vez se logra esto, la interacción de los mismos individuos tenderá a reducir la contaminación.

 

 

Referencias:

·       Ellerman, D. e. (2000). Markets for Clean Air: The U.S. Acid Raid Program. MIT.

·       Fung, A., O'rourke, D. Reinventing Environmental Regulation from the Grassroots Up: Explaining and Expanding the Success of the Toxics Release Inventory. Environmental Management 25, 115–127 (2000). Recuperado de: https://doi.org/10.1007/s002679910009

·       Gsottbauer, E.  (2013). Behavioral Economics and Environmental Policy: Theory and Experiments.

·       Larrick, R., & Boll, J. (2008). The MPG Illusion. Science, 1593-1594.

·       Lopez, Maria Claudia, James J Murphy, John M Spraggon, and John K Stranlund. (2012). “Comparing the Effectiveness of Regulation and Pro-Social Emotions to Enhance Cooperation: Experimental Evidence from Fishing Communities in Colombia,” Economic Inquiry, 2012, 50 (1), 131–142.

·       Nordhaus, W., & Boyer, J. (2003). Warming the World Economic Models of Global Warming. MIT press.

·       OECD Environment Directorate. (2012). Behavioral Economics and Enviromental Policy Design: Project Description Empirical Policy Analysis Unit Environment and Economy Integration Division.

·       OXFORD UNIVERSITY PRESS. (27 de Mayo de 2007). EurekAlert! Recuperado de OXFORD UNIVERSITY PRESS

·       Thaler, R. (2016). Todo lo que he aprendido con la psicología económica. Deusto.


[1] Un nudge, tal y como empleamos el término, es cualquier aspecto de la arquitectura de las decisiones que modifica la conducta de las personas de una manera predecible sin prohibir ninguna opción ni cambiar de forma significativa sus incentivos económicos.

[2] En psicología, un sistema de castigos y recompensas no alude al uso que le damos a estas palabras en el día a día. Se refiere más bien a conjuntos de incentivos que buscan no ser percibidos de manera explícita por los individuos y que orientan de una manera significativa, a favor (recompensa) o en contra (castigo), la frecuencia de una conducta determinada.