Colombia: un país que no cree en fantasmas

Por: Camilo Umaña Pizano

 “Se desata una guerra civil en el Cairo! Miles de manifestantes salen a las calles dispuestos a aguantar hambre con tal de lograr que su presidente abandone el poder.”

Han pasado casi tres meses desde que ciudadanos egipcios salieron a las calles a pedir la renuncia del presidente Mubarak. Dos semanas desde que los periódicos de nuestro país decidieron regalarle a la crisis institucional egipcia el monopolio de su información. Sólo se habla de eso. Es el tema de moda.

¿Qué pasaría si se le prestara la misma atención a una noticia de actualidad nacional? ¿Qué pasaría si el estado real de la economía colombiana fuera el tema de moda? ¿Le interesa más a la prensa denunciar problemas internacionales, sobre los que no tenemos ningún tipo de influencia, a reportar tragedias nacionales sobre las que sí podemos trabajar? ¡Se le presta más atención a lo que significa el caos en Egipto que a describir el verdadero alcance de los problemas económicos en nuestro país?

Inflación del 4%, Población por debajo de la línea de pobreza alcanza el 50%, Coeficiente de desigualdad alrededor del 0,6 y desempleo del 12%. Éstas no son más que cifras publicadas en un idioma que no podemos entender. ¿Sabemos acaso lo que significa la inflación o el límite de pobreza? ¿Pensamos realmente en que lo que nos dicen estos índices es que la mitad de población no tiene con que alimentarse, y que el 12% del país no tiene ingresos? Los periódicos tienen en sus manos el poder de entender, traducir y comunicar estos problemas. Deben hacerlos visibles. Por ahora son auténticos fantasmas que deambulan inútilmente en su incansable deseo de ser percibidos.

Lo que hizo visible a la situación en Egipto no fueron las cifras de gente que salió a las calles a protestar. Fue la traducción que hicieron los medios de lo que significa una revolución en el medio oriente. De lo que significa un deseo de transición a la democracia para un pueblo que durante 30 años estuvo a merced de un dictador.

Lo que haría visibles a nuestros fantasmas sería la traducción que hicieran los medios de los índices que los representan. De esa manera entenderíamos un poco mejor nuestro compromiso con Colombia, entenderíamos las necesidades que tenemos como nación y nos comprometeríamos con la que debería ser una de las causas principales de nuestro estado: el mejoramiento de los índices de pobreza.

Si los medios no son capaces de darle voz a lo que representan esos índices, éstos estarán condenados, ya no a formar parte del dolor nacional sino a pertenecer al olvido de un pueblo al que nunca le dieron la oportunidad de creer en sus propios fantasmas.

¡Cuestión del azar! Perdón, perdón de solo intentar

Por: Santiago Espinosa  & Andrés Felipe Méndez

El desempleo de los jóvenes recién graduados en Colombia llegó a” “%. La fuga de cerebros es alarmante, de cada” “aparentes genios,” “de ellos salen del país en busca de mejores universidades. El porcentaje de deserción en las instituciones de educación superior Colombianas es temible, el “ ” % de los jóvenes que inician sus carreras no las terminan . Los resultados de las pruebas PISA publicadas por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), que comparan el nivel de educación de 70 países, nos ubico el año pasado en el puesto” , “el 47% de nuestros estudiantes no logra un nivel aceptable de desempeño. De cada” “estudiantes, sólo” “se dedican a la investigación. En Colombia se leen” “libros en promedio por año, uno de los promedios más bajos de Latinoamérica.

¿No se dan cuenta? Todo está en orden y bajo control. Nuestra educación pinta cada día mejor.

No hay nada de qué preocuparnos. ¿A quién le importan estas cifras que solo pretenden dañar la imagen del país? ¿No recuerdan? Somos Bogotá positiva, ¡Colombia positiva!

A pesar de todo esto es evidente lo bien que estamos. El déficit de las universidades públicas en Colombia solo está cerca de medio billón de pesos y hay quienes protestan que la educación dejo de importarle al estado, que imprudentes. Es gratificante que los intereses de los créditos para educación superior de Icetex bajaron de 13% a 4 % anual, ya son muy parecidos a los intereses promedio para comprar carro, ya estamos logrando una educación de mercado. Nos sentimos privilegiados de vivir en un país donde las mejores universidades privadas aumentan el costo de sus matriculas en pro del conocimiento –claro está-, en lo máximo permitido. ¿No es esto un claro incentivo para aumentar nuestro orgullo por esta hermosa nación? ¿No es esto un incentivo como los subsidios para educación de familias en acción, que lograron aumentar el consumo de cerveza tal como se pretendía? ¿No es esto un refuerzo positivo como diría B. F Skinner?

Nos sentimos indignados al no entender por qué hay movimientos estudiantiles como el GEC (Grupo Estudiantiles Confederados) seriamente preocupados por el futuro de la educación en nuestro país. Como dijo chapulín “que no cunda el pánico”, pues un estudiante que no pudo pagar la matrícula en la fecha inicial, tiene un muy amplio plazo, “hasta de 30 días”, para reunir lo que no había podido reunir antes y pagar junto con unos intereses del 10%, los cuales si de alguna manera se pudieran extender a 12 cuotas sumarian aproximadamente intereses de tan solo 120% anual.

Mientras escribimos estas cortas y desordenadas líneas, como estudiantes colombianos, nos sentimos felices de que el gasto exclusivo en investigación de Estados Unidos sea solamente 16 veces el gasto en educación en nuestro país y 2.830 veces superior al presupuesto de Colciencias. Estamos tranquilos pues ¿Quién se va a preocupar cuando el gobierno aumentara durante este año el presupuesto para la educación en un 3,3%? Recordemos que nuestro crecimiento fue solo un poco superior a 4% y además de invertir en educación necesitamos invertir en la seguridad de nuestra nación, en nuestras fiestas de bicentenario y en renovar el parque automotriz de nuestros congresistas.

Confiamos en lo que tenemos, si queremos estudiar, sabemos que el Icetex es la solución, pero si por alguna extraña razón no nos llegan a gustar sus amplias comodidades, saldremos este domingo a comprar la lotería, el baloto o nuestro chance preferido y seguiremos confiados creyendo que en este país el estudiar es cuestión de azar. Perdón, perdón de sólo intentar.

De la teocracia a la tecnocracia

Por: Alejandro Forero Rojas

Se acaba el gobierno que se peleó con la academia y se agarró con el Banco de la República -baluarte de la tecnocracia- a quien acusó de “no escuchar al pueblo Colombiano”. El gobierno Uribe revertió la tendencia tecnocrática inaugurada por el aperturismo del gobierno Gaviria, politizando las decisiones económicas mientras se amparaba en la tesis del Estado de Opinión. Ejemplos de ello fueron las dádivas y subsidios a la Agro-Ingreso Seguro, las exenciones al capital y el derroche procíclico del Fondo de Estabilización Petrolera.

La tendencia tecnocrática se ha recuperado vigorosamente con los nombramientos hechos por el Presidente Santos: Juan Carlos Echeverry en Minhacienda, Mauricio Santamaría en Protección Social, Hernando Jose Gómez en el DNP y Carlos Rodado en Minminas, todos ellos con PhD en economía. El gabinete de 13 ministros, del cual 5 son uniandinos, ha sido catalogado como un “dreamteam”, al que algunos críticos le añaden la coletilla de “neoliberal”. La tecnocracia está en sus 15 minutos de fama.

Omitiendo las ventajas de esta tendencia, quisiera más bien mencionar los peligros de este platónico “gobierno de sabios”. El primero de ellos es que a pesar de que la tecnocracia aclara el debate al formalizar las posiciones, puede volverlo más oscuro para los profanos, haciéndolo excluyente. Esto es algo que nos gusta a los economistas pero que no es bueno para la democracia ni necesariamente produce las mejores políticas.

El segundo riesgo es que la tecnocracia puede y suele esconder razones políticas en argumentos técnicos. Mientras que en el discurso político es posible elucidar posiciones éticas, el argumento técnico pareciera ser ajeno a estas, lo cual no siempre es cierto. Es difícil distinguir la política económica de la economía política.

El tercer peligro es que los tecnócratas, especialmente los economistas, tienen preferencias reveladas por los modelos y lo cuantificable. Desgraciadamente, aspectos como la equidad y la distribución no suelen entrar en nuestros modelos, por lo que necesitan de una intención política para justificarlos. Este es el sonado caso de Carimagua, donde la eficiencia- criterio técnico por excelencia- se enfrentó con la equidad, provocando un resultado injusto.

Finalmente, la academia tiene tiempo y recursos que vis- à-vis la política parecieran ilimitados. En efecto, las decisiones políticas se toman en escenarios de incertidumbre y urgencia, donde, como en los negocios, a veces la intuición, la experiencia o la suerte pueden definir el resultado bueno o malo de una política.

Inverosímil

Por: Gustavo Nicolás Páez Salamanca

De forma arrebatada, el pasado 4 de agosto se adjudicó la concesión de la Transversal de las Américas. Desde 1923 se ha buscado integrar a todas las Américas mediante una gran vía que vaya desde Prudhoe Bay, Alaska, a Ushuaia, Tierra del Fuego. Ahora, gracias a este proyecto, el sueño globalizador será una realidad ya que esta avenida surcará el tapón del Darién y unirá definitivamente a Colombia y a Panamá por vía terrestre.

De vuelta a la realidad, es necesario detener este proyecto lo antes posible. El Darién es una zona invaluable que debe ser conservada a capa y espada. Pero tristemente es cierto que nuestro patrimonio sólo es valorado cuando los libros de historia lo reconocen como perdido. Esto es algo con lo que los colombianos vivimos todos los días, y para la muestra podemos recordar alcaldes como Alejandro Amador quien decidió reducir a miseria gran parte de las murallas de Cartagena. Aún así, este no es el caso, pues el proyecto piensa perturbar los parques naturales “Los Katios” y “Darién”, ambos declarados patrimonio UNESCO. De esta forma, siendo imposible apelar a la ignorancia, se hace preciso entender cuál es ese argumento de peso que permite valorar más una vía que dos patrimonios de la humanidad.

Asumiendo como irrefutable el desarrollo económico que el proyecto trae a la región, este argumento pierde todo su valor en el momento en que el Gobierno panameño decide darle un mayor valor a la Reserva de la Biosfera y enérgicamente prohíbe la continuación de la vía en su territorio, como lo expresó, el pasado 6 de agosto, Javier Arias, administrador general de la Autoridad Nacional del Ambiente de Panamá. Por otro lado, ignorando la pérdida indescriptible de servicios ambientales, resiliencia ante problemas de cambio climático y pérdida de la biodiversidad, una buena carretera no sólo motiva la expansión de una innecesaria frontera agrícola, bien sea promovida por desplazados o “raspachines”, sino que fomenta negocios como la captura de fauna, y tala de bosques, actividades en su mayoría ilegales. ¿Si tantas ganas tienen de invertir en la región, por qué no darle al Chocó unos buenos servicios públicos?

Ante esto, los medios de comunicación prefieren estar callados y aquellos autoproclamados ambientalistas que abogan por el vegetarianismo y el cambio climático no aparecen ¿Donde están? Lo único que nos ayuda es la ineficiencia política del país para sacar adelante estos proyectos. ¡Qué vergüenza!

En Wallstreet... otra vez

Por: Juan Pablo Molina

En estos días leyendo la prensa, me encontré con una noticia cuyo encabezado me impresionó bastante: “GM regresará a Wall Street antes de finalizar el año”. Apenas presté atención al encabezado, recordé casi que por instinto el problema en que había estado envuelto la compañía hace 1 año, donde los principales periódicos y revistas de la época tenían encabezados tales como “General Motors a la quiebra”, “¿Lehman, y ahora General?”, “Peligro inminente para GM”, etc. Hace un año GM – a causa del debacle financiero en Wall Street y la bien conocida burbuja hipotecaria – casi se declara en bancarrota, y sólo pudo ser salvado por el gobierno estadounidense donde según informaba el periódico “[..]La Administración Obama inyectó 50.000 millones en la compañía, adjudicándose así la mayor participación en la compañía”, y así, el gobierno salvó a otra multinacional de inmenso tamaño de entrar en quiebra.

El periódico señalaba que “[…] aunque no especifica en la primera remesa el montante de la colocación, que se especula podría llegar a los 16.000 millones de dólares […] de ser así, será la salida a Bolsa más importante en la historia de Wall Street”. Así, la empresa planeara pagarle al gobierno estadounidense parte de la deuda que contrajo en el pasado, y que con esto, el Estado deje de ser el dueño mayoritario de la compañía. Pero, ¿Es esta salida a la bolsa una jugada inteligente? ¿Traerá beneficios a las personas? No son preguntas en absoluto triviales, y que de hecho todo inversor se hace – entre otras – antes de invertir en un IPO (Initial Public Offerings). Desde mi punto de vista, para la fortuna de todos y de la empresa, la respuesta a ambas preguntas es afirmativa. La salida de una empresa importante a la bolsa por primera vez, cuando el ciclo económico empieza a dar visto bueno y las expectativas de las personas son alentadoras, resulta ser una decisión acertada en casi todos los casos según dicta la experiencia; y la respuesta típica de todo economista a si tiene beneficios a las personas, va a ser que sí es conveniente, dado que existe un mercado donde ambas partes salen beneficiadas, y en un futuro sus inversiones aumentarán de valor. De esta manera, espero que este sea un nuevo comienzo para una gran compañía y la oportunidad perfecta para aprender de viejos errores para avanzar a futuro.

*Las opiniones expresadas en las columnas de opinión no reflejan necesariamente la opinión de la Revista Económica Supuestos ni la de sus miembros, dado que el autor de esta entrada no es miembro de la Revista. Los autores de las columnas son responsables de su contenido.