La cuenta silenciosa

Por: Rodrigo José Galindo

Con la aprobación del presupuesto general de la nación para el 2010, se hizo mucho eco en el tema de los recursos de las fuerzas armadas y la educación. Sin embargo, hay una cuenta que se encuentra en estado silencioso: La deuda externa.

Del total del presupuesto, el 27,4% se destina a pagar los créditos que la nación ha adquirido tanto vía TES como con entidades multilaterales como el FMI y el BM. Esta cifra debe ser motivo de escándalo para una nación donde casi la mitad de su población vive en estado de pobreza. Los principales acreedores son las instituciones de Bretton Woods, las mismas que se crearon en medio de la segunda guerra mundial para fomentar la “cooperación internacional”.

Según datos oficiales, la deuda externa asciende a cerca de 89,6 billones de pesos. No se puede negar la disposición que han tenido esas corporaciones para prestar auxilio al país cuando lo ha necesitado; sin embargo, se pregunta uno si permitir que la principal cuenta del presupuesto de una nación de renta media se destine a pagar intereses de la deuda sea la verdadera cooperación.

Jeffrey Sachs, escribió una obra titulada “El fin de la pobreza”, en la cual realiza una magistral exposición de la desigualdad y la pobreza mundial. El profesor Sachs, en compañía de Bono, hacen un llamado a la conciencia de los países poderosos, principales miembros del FMI y el BM. El clamor es una serie de peticiones como donaciones y cooperación, pero hacen énfasis en condonaciones de deuda.

Aunque las cifras del crecimiento de los últimos años son esperanzadoras, Colombia tiene la capacidad para progresar más; pero esta posibilidad está supeditada a la cooperación de la comunidad internacional. Si tan solo se nos condonara un 5% de la deuda se podría construir 4 veces el túnel de la línea. (Imagínese que más se podría hacer). De manera silenciosa, el pago de la deuda ha aumentado paulatinamente. El proyecto del presupuesto que se le presentó al congreso reveló que este año va a aumentar un 11% el monto del pago, mientras que el presupuesto total solo aumentó un 7%. Es momento que la comunidad internacional más pudiente entienda el verdadero significado de la cooperación y que no ocurra lo que magistralmente escribió Eduardo Galeano sobre el retraso económico de América Latina: “Perdimos; otros ganaron. Pero ocurre que quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos”.

Elecciones y tasa de cambio

Por: Sergio Ferro

Las elecciones de este año, ocurren en un ambiente de polarización y controversia. Sin importar la decisión del pueblo colombiano, las consecuencias cruzarán las fronteras y afectarán la estabilidad política de la región. Un evento de esta magnitud, tiene por supuesto, un impacto sobre las variables económicas de importancia.

Según un estudio de Martínez y Santiso (2003)* sobre los efectos de los choques políticos en el mercado financiero, existe una alta correlación entre elecciones y cambios en las tasas de cambio. Se refieren al caso específico de Brasil y las elecciones de 2002, momento en el que varias agencias calificadoras de riesgo deterioraron los índices de dicho país, lo cual provocó el retiro de fondos por parte de inversionistas extranjeros y generó con ello una significativa devaluación. Martínez y Santiso, sustentan el fenómeno en la alta dependencia de los países emergentes a los flujos internacionales de capital, dadas sus necesidades de inversión y la baja tasa de ahorro en ellos. Esto, sumado a la integración a los mercados internacionales, genera mayores choques al mercado financiero en cuanto el sentimiento de mercado es afectado negativamente.

En general, tanto los inversionistas como las agencias calificadoras de riesgo ven la época de elecciones como un periodo de gran incertidumbre y en consecuencia de un mayor riesgo para sus activos. Lo que se espera para Colombia, en cuanto a tasa de cambio para los meses de elecciones, es una devaluación causada por la combinación de varios hechos: En primer lugar, tenemos las elecciones, que por su impacto, generará un grado de incertidumbre mayor al usual; en segundo lugar, la confianza en la región se ha visto disminuida por la crisis, lo cual también afecta el riesgo percibido; y por último, la necesidad de dar un empujón a la economía, debe traducirse en tasas de interés que no compensan el mayor riesgo percibido, y por tanto no contrarrestan el efecto de dicho sentimiento de mercado. La suma de estos factores, debe traducirse en una salida de capital por parte de los inversionistas, que no perciben un retorno razonable al aumento en el riesgo. Le sugiero al lector que compre dólares, oportunidades como esta se dan con la misma frecuencia que un mundial de fútbol.

La ética: una etapa previa al instrumentalismo económico

Por: Juan David Parra

La crisis económica que agobia al sistema financiero mundial se convirtió en el argumento añorado por muchos para sentenciar el capricho de unos científicos que “se olvidaron de la sociedad por estar pensando en mundos abstractos”. En defensa de los economistas, habría que aclarar que éstos no siempre se ocupan de diseñar la realidad; su vocación es más de contemplación. Incluso si su fin fuese exclusivamente propositivo, ingenuo sería pensar en una aplicación fiel de predicciones académicas en medio un mundo dominado por la política.

Un camino más constructivo sería el de interiorizar las limitaciones absolutas de la economía como área de estudio. Los valores y principios que forjan la racionalidad de los agentes, por ejemplo, conforman una dimensión que trasciende sus posibilidades. Quizás las contradicciones que se derivan de los modelos de equilibrio general radican en las preferencias mismas de los agentes. La felicidad se ha dejado seducir completamente por el consumo perecedero, trayendo consigo una inevitable escasez material.

Las cuestiones éticas deben comprender una etapa previa. Si se logran replantear las ambiciones humanas, los mismos engranajes teóricos podrían arrojar resultados más elocuentes. El problema no reside en la superestructura analítica; la sostenibilidad de la sociedad depende del cambio en sus hábitos.

Pañitos de agua tibia

Por: Juan Sebastián Torres

¿Cómo espera Estados Unidos una mejoría significativa si no se apoyan los cambios radicales? A la reforma de salud, punto primordial en la política de Obama, no dejan de postergarla debido a debates no sólo presupuestales sino también ideológicos.

Respecto al costo, es normal la preocupación; ésta reforma racionalmente implicaría un aumento de impuestos, algo que parece desquiciado, dado que sólo hace meses parecía que la gente saldría corriendo de sus casas hipotecadas a vender sus tres carros prestados. Sin embargo, después de todo, en los últimos años los gastos del gobierno estadounidense no fueron ni muy mesurados ni bien dirigidos; hay todo tipo de juguetes guardados sin usar (todos en caja original, evitando dañar la integridad), como los 187 aviones F-22, con el valor de US$140 millones c/u (espero todos hagan la multiplicación).

Por el lado cuasi-ideológico, a algunos les preocupa que Obama se esté dirigiendo al socialismo, lo cual suena inevitablemente ridículo, viniendo de entes que están incesablemente cambiando de status en Twitter con su Blackberry mientras conducen una Hummer a McDonald’s. Un seguro para 50 millones de personas más no evitará que lo hagan mientras ven The Hills.

Es cierto que hay mejoras en la situación económica –sería caótico si no, después del gigantesco pero no suficiente paquete de estímulo-, ahora sólo faltan cambios que no sean pañitos de agua tibia.

El momento esperado

Por: Eduardo García Echeverri

Era mi primera vez. Estaríamos entre las mismas cuatro paredes forradas de intenso rojo y bajo el mismo techo cubierto de espejos. Estaba temprano pero la ansiedad madrugó. Él no se molestó. Sabía que lo esperaba ávido, inmóvil, con el deseo como ancla.

Aunque está  a la altura de las mejores letras de Miguel Bosé, esta no es la apertura de una novela erótica o el monólogo de una película rosa. Contrario a lo que usted debe estar pensando y como esta es una revista seria, esta fue la espera a la conferencia del premio nobel Paul Krugman en el salón rojo del hotel Tequendama. Tuve la fortuna de contarme entre los majos presentes, como supuesto analista de un banco cuyo nombre no quiero ni debo acordarme, para escuchar así las lecciones del nobel sobre la actual coyuntura económica mundial. Compartieron como panelistas junto a él: el codirector del banco Juan José Echavarría, el ex ministro Guillermo Perry, el ministro de Hacienda Oscar Iván Zuluaga, y la dos veces ex candidata y ahora ex precandidata por la alianza pastranouribeneoliberopoloconservadora Noemí Sanín. Sin duda las tesis más complicadas presentadas esa mañana fueron las de esta última, quien intentó adicionar las ideas del profesor a la susodicha alianza en unparticular ex movimiento político, que, por suvasta complejidad, deberá ser analizado en otra ocasión y probablemente otra revista.

El nobel enunció, a manera de mandamientos, los dolorosos aprendizajes que dejó a la ciencia lúgubre esta crisis. Con la convicción de un mesías convirtiendo incrédulos, predicó sus proverbiosy nos trajo su palabra revelada. He aquí el evangelio segúnPaul Krugman:

“Dijo el señor: “no confiarás ciegamente en los mercados financieros y menos en el “shadow banking”, estos pueden padecer burbujas y excederse inicuamente en riesgos”” (St.Paul 8:32). Sin temor a estar rodeado de unos mil banqueros, no exagero,  y sin importarle que la Fiduciaria Bogotá ya no le pagara ni el almuerzo, Krugman denunció primero la matriz financiera de la crisis y la responsabilidad de los bancos en esta. Según él, los bancos no previeron el riesgo de prestarle a los NINJAS (no income, no job, no assets) y por ende se fueron a la bancarrota, o, si contaron con mejor suerte, a un plan de salvamento por parte del gobierno estadounidense. Más temerarias aún resultaron las entidades del “shadow banking” (entidades que intermedian créditos entre prestamistas e interesados sin contar con depositarios, tales como las extintas Lehman Brothers y Bear Sterns) ya que estas no tenían casi ningún tipo de regulación estatal ni exigencias en sus montos de capital de reserva. Condenó  a los herejes que defendieron durante muchos años la independencia del sistema financiero, “Vade Retro Friedman” (St.Paul 8:45)  y excomulgó a sus apóstoles encabezados por Alan Greenspan.

Aseveró que esta crisis no se convirtió en la hecatombe (del capitalismo aclaro) gracias a la intervención de los gobiernos: “Gloria a Keynes en el cielo y en la tierra paz a los déficits;  estos podrán ser tus únicos amigos cuando nadie más lo sea” (St.Paul 4: 14-15). Aunque en el primer año Krugman mostró un paralelo aterrador con la crisis de los años 30, (caídas del PIB comparables a las de ese entonces en Estados Unidos, Japón, el Mundo e incluso mayores en Europa) esta similitud no se sostuvo el segundo año gracias a los generosos planes de reactivación estatales. “Dejad que los mamertos vengan a mí” ” (St.Paul 3: 12). Estos planes suman unos275 000 millones de dólares en reducción de impuestos y casi medio billón de dólares en preservación de empleos sólo en los Estados Unidos. El nobel pronostica que, gracias a estos, Estados Unidos verá crecimiento en la segunda mitad de este año y Europa el año que viene. Aquí se le apareció la virgen canosa y en corbata al ministro Zuluaga ya que su justificación para el elevado déficit colombiano se fue por esta línea. Argumentó que este gasto le había permitido a Colombia tener una de las “menos peores”, literalmente, caídas del PIB y de producción industrial en América Latina.

Pese a todo lo anterior Krugman aún no nos llama al regocijo. Aunque la recesión ya tocó fondo, la mayoría de los efectos negativos de esta perdurarán hasta bien entrada la fase de recuperación. Coincidió con él el doctor Echavarría, al demostrar no sólo que el empleo sigue cayendo pese a ya tener cierto crecimiento (Colombia debe crecer al 4% para mantener su tasa actual de desempleo), sino que además fue en Colombia donde más aumentó la desocupación en el continente por concepto de la crisis después del Ecuador. Los culpables, afirma, son los impuestos a la nómina (parafiscales) y la rigidez del mercado laboral colombiano. Más triste aún, Krugman afirma que esta recuperación será gradual y lenta debido a la caída, en casi treinta puntos porcentuales, del comercio internacional. Las exportaciones han sido muchas veces la tabla de salvación de las naciones en recesión pero en esta coyuntura no estará disponible.

A esto súmesele el hecho de que las tasas de interés en los Estados Unidos, Japón, Canadá yla Unión Europea entre otras, están todas cercanas al cero por ciento,  lo que les impide casi toda maniobra monetaria para capotear la crisis. Éste, demos gracias al Señor, no es el caso de América Latina, cuya demanda interna no está tan golpeada y cuya caída del PIB no es tan pronunciada (1.7% según la CEPAL). Además esta crisis nos cogió relativamente mejor parados que las anteriores; con mayores reservas internacionales que antes. En este contexto uno llega a comprender la frase de cierre de la conferencia “Por primera vez América Latina está en mejor situación que nosotros” (Apocalipsis 19:1). Una frase cargada de pesar.

Palabra del Señor…

PD- Triste que la Universidad haya desaprovechado, a diferencia de otras, la oportunidad de tener a Paul Krugman en sus instalaciones.