Inclusión de la mujer en el mercado laboral colombiano: ¿qué lo permitió?

Por: Nicolás Galavis V.

La tasa de participación femenina en el mercado laboral colombiano ha sido la de mayor crecimiento en la región desde mediados de los 80 hasta principios de este siglo.[1] Como lo ilustran Amador, Bernal & Peña, “mientras que en 1980 la tasa de participación laboral femenina de Colombia era la segunda más baja de la región, superando únicamente la de Costa Rica, en 2004 ésta fue la más alta de la región, igualada únicamente por Uruguay.” (Amador, Bernal & Peña, 2013, p.3). Cabe entonces preguntarse acerca de los hechos que permitieron la integración acelerada de la mujer en el mercado laboral. Este ensayo enuncia y explica los cambios institucionales, sociales y demográficos que posibilitaron dicho aumento de la participación femenina en la economía. En síntesis, se argumenta que un ambiente de instituciones eficaces (enfocadas hacia la integración de la mujer en la sociedad), la disminución en la tasa de fecundidad, mayor tiempo libre y mayor educaciónfue lo que permitió la incorporación femenina en el mercado laboral.

En primer lugar, desde mitad del siglo XX se dieron ciertas innovaciones institucionales que les dieron mayor autonomía a las mujeres. Estos cambios institucionales establecieron el contexto en el que se darían los demás cambios sociales y demográficos. El primer cambio fue el plebiscito de 1957 en el cual se estableció el voto para las mujeres y por tanto fue su boleto de entrada a la política de hecho. Como lo reseñó Armando Gómez en 1991: “A partir de ese momento, las mujeres tendrían los mismos derechos políticos de los varones.” (Gómez, 1991). Sin embargo, esto no significa que antes las mujeres no hicieran política. Basta con ver las columnas de Soledad Acosta de Samper para darse cuenta que desde principios del siglo XX las mujeres buscaban entrar a la sociedad de manera más activa. A pesar de esto, no es hasta el plebiscito que las mujeres empiezan a actuar en la política.  Esta participación política de la mujer resultó en el aumento de reformas más feministas. Lo explica mejor la ex senadora y ex ministra María Elena de Crovo, quien ocupó una curul en el Congreso de la República entre 1966 y 1970 y posteriormente fue ministra de trabajo:

Estoy muy orgullosa de los aportes que he hecho al mejoramiento de la calidad de vida de las mujeres. En primer lugar, desde mi tribuna en el Congreso de la República, cuando fui senadora en el gobierno del presidente Carlos Lleras Restrepo, presenté muchos proyectos de Ley, por ejemplo para que aumentara el presupuesto de la nación para educación, para la definición de políticas a favor de la familia que condujeron, por ejemplo a la creación del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y los mecanismos para su financiación (García, párrafo 5).

Estos esfuerzos que se dieron desde el gobierno desembocaron en una defensa de la mujer en términos institucionales. El principal triunfo de este empeño se dio con la Constitución de 1991. Allí, la mujer se igualó al hombre en términos de derechos pero además se le dio especial protección por el simple hecho de ser mujer. Así pues, el artículo 43 reza:

La mujer y el hombre tienen iguales derechos y oportunidades. La mujer no podrá ser sometida a ninguna clase de discriminación. Durante el embarazo y después del parto gozará de especial asistencia y protección del Estado, y recibirá de éste subsidio alimentario si entonces estuviere desempleada o desamparada. El Estado apoyará de manera especial a la mujer cabeza de familia.

Asimismo, la Constitución Política profundiza e insta en el estatuto del trabajo (artículo 53) que se le debe dar “protección especial a la mujer, a la maternidad y al trabajador menor de edad.” Estos cambios sembraron el escenario en el cual se daría el aumento de la participación femenina en el mercado laboral.

Ahora bien, el primer cambio social importante que se dio fue la evolución de la tasa de fecundidad, la cual ha disminuidodesde 1985 e inclusoantes. De hecho, y según explica la Revista de Información Básica presentada por el DANE en el 2007, la fecundidad “ha venido descendiendo de manera significativa en las últimas décadas en el país, influenciada por una serie de factores determinantes”.  Además, especifica que su intensidad ha variado pues “ha sido de mayor intensidad en el periodo 1993 – 2005, en el cual el nivel de la fecundidad ha presentado un caída del 21 por ciento”, y esto contrasta con la disminución en la década anterior en la cual “la disminución registrada entre los censos de 1985 y 1993 que fue solamente del 3,6 por ciento.” Este hecho se ve más claramente expresado en el cuadro 7 que muestra como el tamaño del hogar promedio colombiano ha disminuido en dos personas entre 1970 y 2005[2].

Además, la crianza de los hijos, como lo exponen Olarte y Peña (2010) está  fuertemente ligada conla posición de las mujeres en el mercado laboral. En sus palabras, “…la mayor parte de la crianza de los hijos recae en las mujeres, y por ende cualquier costo asociado a ser madre que no sea experimentado por un padre puede potencialmente afectar los retornos relativos en el mercado laboral.” (Olarte y Peña, 2010, p. 3). En otras palabras, las mujeres reciben mayores incentivos a ingresar y engancharse en el mercado laboral además de mayores ganancias en éste si no tienen hijos, pues son ellas quienes se encargan de su crianza. Esta disminución está ligada al nivel de educación y desarrollo de las mujeres. Así lo refleja la revista de Información Básica del DANE (2007) pues según cifras del 2005 “el nivel de la fecundidad en Bogotá D.C. está muy por debajo del promedio nacional, 1,92 hijos por mujer, coherente con un mayor nivel educativo de las mujeres y mayores niveles de desarrollo”. En cambio, otras regiones con menor nivel de desarrollo como Chocó, Vaupés y Vichada están muy por encima al promedio nacional. Así pues, la mayor implicación de la disminución en la tasa de fecundidad femenina es una mayor libertad para la mujer educada (y por tanto de clase media-alta) para participar en el mercado de trabajo.

Sumado a esto, las mujeres tienen otro aspecto que les permite más libertad y autonomía respecto a su capacidad de entrar al mercado laboral: los cambios socio-culturales que facilitaron su papel de gerentes del hogar. En otras palabras, las mujeres siguen sin cumplir un papel como jefes de familia (entre 1976 y 1995 el cambio porcentual del número de mujeres jefe de hogar fue sólo dos porciento pasando de 16 a 18%)[3] pero van a tener más tiempo para interactuar en la economía. Esto se debe a la introducción de diferentes avances como lo fueron los restaurantes de comidas rápidas y los electrodomésticos enfocados en los trabajos de la casa. Por ejemplo, en 1994 se vio un aumento del 30% de los restaurantes de comida rápida comparado con el año 1993 (Mejía, 1995). Esta cifra aumentó aún más con la llegada de nuevos competidores. En adición a esto se vio un auge de los productos electrodomésticos como las lavadoras, secadoras, planchas, etc. En Colombia, este mercado tuvo un gran éxito a mediados los 80 y 90 donde se posicionaron marcas como Black & Decker, Oster, la nacional Incelt, Mabe y se creó Industrias Haceb[4]. En general estos cambios sociales dieron más tiempo a la mujer para engancharse en el mercado laboral colombiano, dándoles así paso a un papel dual dentro de la sociedad de amas de casa y agentes económicos activos.

Por supuesto, falta mencionar aquí uno de los cambios principales y que va a permitir a la mujer establecerse en el mercado laboral: la educación. Las mujeres han tenido un gran avance en formación de capital humano incluso respecto a los hombres.[5] Cárdenas (2007) muestra esta relación cuando dice que “[El] hombre se estancó entre 1980 y 1990, mientras que las mujeres aumentaron su escolaridad de manera constante. En 2000, una colombiana tenía en promedio 0,78 años de escolaridad más que un colombiano, mientras que en 1960 la situación era inversa” (Página 65)[6]. No existe, en definitiva, una explicación única y concreta alrespecto. Según Sarmiento (2001), “tanto en primaria como en secundaria [las mujeres] se demoran menos en cursar los niveles y adquieren un poco más de educación. Adicionalmente, esta diferencia se ha ampliado en los últimos veinte años” (Página 50). Además, en términos de deserción, las mujeres también están en una mejor situación que los hombres pues “44 de cada 100 que ingresaron a primer grado en 1991 terminarán secundaria, mientras que sólo 39 de cada 100 hombres lo harán” (Sarmiento 2001, página 50). Sumado a esto, las mujeres con educación terciaria completa disminuyeron su tasa de desempleo de 10,9% a 6% entre 1985 y 1995 (en los últimos años de los 90 esta aumentó, posiblemente debido a la crisis). Sin embargo, si se compara con la tasa masculina su desempeño fue mucho mejor pues los hombres pasaron de 5,3% a 3,5% en el mismo intervalo.[7]

En conclusión, el fuerte aumento de la presencia femenina dentro del mercado laboral tiene diversas causas. En primer lugar, se sentaron las condiciones necesarias para que la mujer participara abiertamente en política y posteriormente en la vida económica. Esto en presencia de una baja en la fertilidad y avances tecnológicos y culturales que les dieron más tiempo a las mujeres y permitieron que ellas se educaran más y se engancharan en el mercado laboral. Finalmente, este aumento en la educación no tiene una razón clara y por tanto deja una interrogante para la literatura sobre qué permitió este cambio y cómo se dio.

Anexos

Cuadro 1: muestra los años de educación promedio en los años relevantes. Tomado de Ribero y Meza (1997). 

Cuadro 1: muestra los años de educación promedio en los años relevantes. Tomado de Ribero y Meza (1997). 

Cuadro 2: muestra la disminución de los menores en los hogares. Tomado de Ribero y Meza (1997). 

Cuadro 2: muestra la disminución de los menores en los hogares. Tomado de Ribero y Meza (1997). 

Cuadro 3: muestra el cambio en la educación promedio de la población diferenciada por regiones. Tomado de Sarmiento, Perla & Alam (2001). 

Cuadro 3: muestra el cambio en la educación promedio de la población diferenciada por regiones. Tomado de Sarmiento, Perla & Alam (2001). 

Cuadro 4: muestra la diferencia en la tasa de desempleo según género y educación. Tomado de Sarmiento, Perla & Alam (2001).

Cuadro 4: muestra la diferencia en la tasa de desempleo según género y educación. Tomado de Sarmiento, Perla & Alam (2001).

Cuadro 5: compara la tasa de participación femenina en el mercado laboral con regiones del mundo. Datos del Banco Mundial. 

Cuadro 5: compara la tasa de participación femenina en el mercado laboral con regiones del mundo. Datos del Banco Mundial. 

Cuadro 6: compara la participación femenina en el mercado laboral con grupos de países con diferentes posiciones económicas. Datos del Banco Mundial. 

Cuadro 6: compara la participación femenina en el mercado laboral con grupos de países con diferentes posiciones económicas. Datos del Banco Mundial. 

Cuadro 7: muestra el cambio en la cantidad de personas en el hogar colombiano. Revista de Información Básica, DANE. 

Cuadro 7: muestra el cambio en la cantidad de personas en el hogar colombiano. Revista de Información Básica, DANE. 

Nota al pie

 [1] El cuadro 5 compara el desempeño de Colombia con respecto a diferentes grupos geográficos. Por su parte se puede ver el desempeño respecto a diferentes grupos económicos en el cuadro 6.

[2] Además el cuadro 2 muestra la disminución de menores, según categorías de edad, en los hogares colombianos a través del tiempo.

[3] Datos de Ribero & Meza (1997).

[4] Más al respecto del comportamiento de la venta de electrodomésticos en el periodo se puede ver en el reporte de El Tiempo de 1997 “En el Mercado…”.

[5] El cuadro 3 muestra el avance en educación por sexo y por región. Evidencia el aumento de escolaridad de las mujeres incluso en las regiones menos desarrollados como Chocó.

[6] El cuadro 1 tomado del trabajo de Ribero & Meza expresa el cambio en el nivel de escolaridad entre hombres y mujeres.

[7] Datos encontrados en el trabajo de Sarmiento, Perla & Alam (2001) página 68 y mostrados en el cuadro 4.

Bibliografía

Constitución Política de Colombia. (1991).

Amador, D., Bernal, R., & Peña, X. (2013). El aumento en la participación laboral femenina en Colombia: ¿fecundidad, estado civil o educación? Bogotá: Documentos CEDE.

Cardenas, M. (2007). Introducción a economía colombiana. Bogotá: Alfaomega – Fedesarrollo.

Charry, A. (s.f.). La participación laboral de las mujeres no jefes de hogar en COlombia y el efecto del servicio doméstico. Banco de la República.

Crovo, M. E. (s.f.). Ser Diferente no significa ser inferior. (G. Garcia, Entrevistador) Recuperado de: http://www.uniboyaca.edu.co/agendaciudadana/index.php?option=com_k2&view=item&id=379:%E2%80%9Cser-diferente-no-significa-ser-inferior%E2%80%9D&Itemid=162

El Grupo del Banco Mundial. (s.f.). Data. Obtenido de Sitio web de The World Bank: http://data.worldbank.org/indicator/SL.TLF.CACT.FE.ZS

El Tiempo. (16 de junio de 1997). En el Mercado… El Tiempo, Recuperado de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-593920 .

Departamento Administrativo Nacional de Estadística (2007). Cambios sociodemagráficos en Colombia: periodo intercesal 1993-2005. Revista de Información Básica, Volumen 2 (número 2).

Gómez, A. (22 de Marzo de 1991). La reforma del plebiscito, 1957. El Tiempo, Recuperado de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-48326 .

Olarte, P., & Peña, X. (2010). El efecto de la maternidad sobre los salarios femeninos. Bogotá: Documentos CEDE.

Ribero, R., & Meza, C. (1997). Determinantes de la participacion laboral de hombres y mujeres en Colombia: 1976 – 1995. Departamento de Planeación Nacional.

Sarmiento, A., Perla, L., & Alam, C. (2001). Situación de la educación básica, media y superior en Colombia. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo.

Imagen recuperada de http://actualidadeconomiacolombiana.blogspot.com/2011/02/mercado-laboral-cifras-del-ano-que.html

Deseo agradecer a Miguel Urrutia y Juan Felipe Ortiz Riomalo por sus comentarios en la producción de este trabajo.

Cobertura y calidad ¿y pertinencia qué?

Por: Iván Bornacelly

El sistema educativo colombiano se ha centrado principalmente en incrementar la cobertura educativa. En este sentido, la tasa de cobertura de educación superior presentó un aumento importante en los últimos años, pasando de 24.5% en 2002 a 37% en 2010. En línea con lo anterior, muchos estudios han sido enfáticos en las mejoras de calidad que requiere el sistema educativo. De nada vale tener una tasa de graduación de educación superior del 17.8% al undécimo semestre y 24.2% al duodécimo, que por cierto es bastante baja con respecto al promedio de los países miembros de la OECD (41,2% para 2010), si los nuevos profesionales que están ingresando al mercado laboral no cuentan con las suficientes habilidades y aptitudes para enfrentarse al mismo. No obstante, hace falta una tercera variable para completar esta tripleta: Pertinencia.

A partir del CONPES 3674 de 2010, el cual plantea los lineamientos de política para el fortalecimiento del sistema de formación de capital humano y de la Ley 1429 de 2010 sobre formalización y generación de empleo, el Gobierno se ha puesto en la tarea de conocer cuál es la demanda laboral por parte de las firmas a través del Sistema Nacional de Información de Demanda Laboral – SINIDEL. Para esto, no solo se requiere información de la demanda efectiva de empleo, sino también de aquella que no se pudo satisfacer. Esto con el objetivo de conocer en donde se están generando oportunidades laborales y reorientar la oferta laboral, y por otro lado, desarrollar políticas desde el Ministerio de Educación (MEN) y ajustar la oferta educativa para suplir los requerimientos de las firmas. Sin duda alguna, es evidente que hay un problema de información.

El panorama está de la siguiente manera. De acuerdo con los datos de Observatorio Laboral para la Educación (OLE) para la Educación del MEN, entre 2001 y 2011, 1.498.258 recién graduados de algún programa de educación superior [1] se encontraban trabajando en el sector formal (cotizando). Esto equivale 4.2% del total de la población en edad para trabajar (PET). Del total de la PET, 13.6% tenía educación superior, sin embargo, no necesariamente esta población está desempeñándose en labores relacionadas con la carrera o programa educativo estudiado. Es así como el 6,6% de la población ocupada se considera subempleada por competencias según la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH). Este hecho puede deberse a la existencia de sobreoferta de personas graduadas de algunos programas que el mercado laboral no logra absorber. Por lo tanto, deben entrar a trabajar en labores no relacionadas con las habilidades adquiridas o quedar desempleadas, hasta encontrar una vacante que se ajuste con el nivel y área de conocimiento obtenido. Por otro lado, las firmas deben contratar personal de otros programas no relacionados con el cargo, dado el déficit de personal con los conocimientos requeridos.

Lo anterior se puede evidenciar de la siguiente manera. De acuerdo con la gráfica 1, del total de graduados, 7,4% están trabajando en un sector que no es compatible con la carrera que estudió. Esto puede ser ocasionado por: (1) sobreoferta de personas con una carrera específica que no está siendo absorbido por las firmas, incentivando el trabajo en otros sectores y realizando ocupaciones distintas a las que inicialmente se había preparado y (2) el salario para algunas carreras ha venido disminuyendo, generando incentivos a trabajar en sectores con mejor remuneración. Esta última se puede evidenciar para las personas graduadas de algunas carreras particulares como salud pública, bibliotecología y zootecnia, que presentan una variación negativa en promedio del salario [2] de 4% [3].

Gráfica 1 – Porcentaje de graduados [4] entre 2001 -2011 que trabajan en sectores no compatibles con la carrera estudiada.

Cálculos propios a partir de los datos del OLE. 

Cálculos propios a partir de los datos del OLE. 

Para el caso de administración, contaduría pública, derecho e ingeniería industrial, a pesar de que en el mercado laboral hay un alto porcentaje de la población graduada de estos programas (36,7%), son carreras que son transversales a cualquier sector, pueden desenvolverse en muchos cargos y la necesidad del mercado sigue vigente dado el crecimiento promedio anual de 6.7% del salario. Hay otros programas que no necesariamente son transversales a todos los sectores, pero la población graduada se encuentra trabajando áreas muy relacionadas al programa de estudio como lo son Medicina, Enfermería, Educación, entre otros.

De acuerdo con lo anterior, hay tres tipos de graduados. Aquellos que consiguen empleo porque focalizan sus estudios a un sector y perciben una demanda continua de este tipo de profesionales. Por otro lado, están aquellos que tienen una alta competencia, dada la cantidad de profesionales en esa área, sin embargo, la demanda de profesionales de dichos programas también es alta. Y finalmente, aquellos que se encuentran trabajando en un sector que no es compatible con la carrera estudiada.

De acuerdo con el CONPES 3674, el análisis desarrollado en este artículo no debe estar centrado en el programa o la carrera profesional que se estudia. Es necesario realizar una evaluación del sistema educativo a partir de la pertinencia de las competencias y habilidades que están desarrollando quienes ingresan a estudiar un programa de educación superior, ya que los atributos educativos de las personas que se desempeñan en un cargo no siempre son los esperados de acuerdo de las características o requerimientos de los firmas. Sin embargo, las empresas recurren al nivel educativo y al programa educativo como principal criterio para seleccionar a un candidato y cubrir su vacante. Dicho esto y de acuerdo con la información disponible, se puede hablar de la existencia de un mismatch entre el los programas que se ofrecen en el sector educativo y los graduados que están saliendo al mercado laboral, y los requerimientos de las firmas.

La cobertura y la calidad educativa son dos variables que contribuyen de manera significativa al desarrollo del capital humano, no obstante, es la pertinencia de la educación la que permite que dicho desarrollo se vea reflejando en crecimiento económico. Con base a esta primera aproximación se puede concluir que el sistema necesita ajustes, y dichos ajustes deben partir desde la disponibilidad de información para quienes deben tomar la decisión de invertir en educación (bachilleres), pasar por las firmas y conocer cuáles son necesidades laborales no satisfechas, hasta llegar a los hacedores de política pública y miembros del sector educativo, que son quienes deben ajustar la oferta de programas de educación superior de acuerdo con las necesidades del sector real.

Nota al pie

[1] Esto incluye educación universitaria y educación técnica y tecnológica.

[2] Según Ingreso Base de Cotización que se reporta en la PILA

[3] Observatorio Laboral Para la educación

[4] Incluye graduados de carreras técnicas, tecnológicas y universitarias.

Movilidad social en los jóvenes

Por: César Augusto Pabón
ca. pabon982@uniandes.edu.co

La semana pasada tropecé con un informe aterrador sobre movilidad social realizado por el Departamento Para la Prosperidad Social. Aunque para algunas personas resulte un tema sobre explotado y sin mayor relevancia, consideré esencial dar un abrebocas a estos resultados e insistir en sus graves implicaciones sobre nuestra sociedad.  En medio de los datos entregados por el informe (que aparentan ser estériles), se presenta una excelente radiografía del eterno ciclo de pobreza que persiste en nuestropaís. Por otro lado, me parece de mayor interés, que estemos acostumbrados a recibir este tipo de informes y que sea un tema considerado como “sobre diagnosticado”, pero que aun así, mantengamos una sociedad estática donde la brecha social cada vez se vuelve más abismal.

Para comenzar, el informeresalta que el 70% de los jóvenes entre 14 y 26 años pertenecen a hogares pobres y vulnerables. Teniendo en cuenta su metodología, esto se traduce respectivamente en que casi tres cuartas partes de nuestra población juvenil se encuentra en hogares por debajo de la línea de pobreza (ingreso per capita menor a US$4.06) o con alta probabilidad de caer en pobreza (entre US$4.06 y US$10). En un contexto menos técnico y mucho más palpable, esto significa que mientras muchos de nosotros estamos acostumbrados a una vida de lujo y ocio, aproximadamente 7 de cada 10 jóvenes con nuestra misma edad cuentan con un hogar donde difícilmente (o ni siquiera)  se alcanza a cubrir un ingreso mínimo para sobrevivir.

Más adelante, el informe enfatiza en la gran brecha educativa existente entre los diferentes rangos de hogares. Los autores resaltan que, en promedio, los jóvenes pobrestienen 3.3 años menos de escolaridad que los de clase media (hogares con un ingreso per cápita entre US$10 y US$50 PPP) y que solo un tercio de la población pobre logra ingresar a la educación superior (las principales razones por está deserción son la falta de dinero, la necesidad para trabajar o de encargarse de los oficios del hogar). Si bien son de conocimiento común los nefastos efectos que tienen estas deficiencias formativas sobre el desarrollo, es aún más preocupante entender las repercusiones de esta segmentación en la estructura social. Como enfatizó nuestro ex decano Alejandro Gaviria en muchas ocasiones, esta es la famosa trampa de pobreza proveniente de la falta de oportunidades, donde el hijo del “doctor” va a continuar siendo “doctor”, mientras los demás (casi toda la población) van a seguir destinados a una vida de miseria y tragedia.

Por último, el informe hace referencia sobre las circunstancias laborales; tema en el cual encuentra que el 30% de las personas consideradas pobres son totalmente inactivos. Sin embargo, este no resulta ser el hecho más notorio. Lo lamentable de esta situación resulta ser que del total de esta población inactiva, el 80% son mujeres. Esto indicaque, adicional a la brecha establecida por ingresos y educación, persiste una enorme separación entre géneros. Sorprende entonces, que en pleno siglo XXI, después de más de medio siglo de lucha por la libertad y los derechos de las mujeres, éstas sigan siendo excluidas a papeles serviciales o fuera del mercado laboral, solo por las costumbres obsoletas o composiciones estáticas de las familias.

En síntesis, este informe plasma el círculo vicioso que invade nuestra sociedad y que aumenta desaforadamente la segmentación entre ricos, pobres, estudiados, no estudiados, regiones, hombres y mujeres. Sin ningún ánimo de defender sus políticas u otras posiciones, parece dar una luz de esperanza la nueva elección de un Papa con enfoque social, el sonoro funeral de nuestro ex presidente vecino -cuyo único ideal fue mejorar la situación de los pobres- y el llamado de atención de nuestro Ministro de Hacienda en el BID sobre la necesidad de superar la desigualdad y la pobreza en el continente. Sin embargo, como bien mencionó  Jairo Nuñez en un reciente artículo, a menos que se realicen cambios de fondo y se deje de pensar en problemas de corto plazo, el país está destinado a repetir la tragedia de Sísifo, quien fue condenadoa empujar una roca a la cima de una montaña, que eternamente se rodaba….

Bibliografía

Departamento Para la Prosperidad Social. (2013). Problemas y desafíos para la movilidad social de los jóvenes en Colombia.

Ingreso y trabajo en Colombia

Por: Lina María Arias Paredes
lm.arias405@uniandes.edu.co

La baja calidad de vida a la que se enfrenta una gran parte de la población colombiana en parte es consecuencia de los bajos ingresos que perciben en el sector informal de la economía. Teniendo en cuenta lo anterior, este artículo tiene como objetivo exponer cómo el pertenecer al sector informal de la economía afecta de forma negativa la calidad de vida de los colombianos y además resaltar las medidas que ha venido tomando el Gobierno colombiano para tratar de mejorar la situación de las personas que pertenecen al sector informal o que perciben bajos ingresos.

La realidad colombiana

El sector informal [1]es aquel que no cuenta con los requerimientos básicos legales para ser parte de la economía formal. En Colombia la población involucrada en el sector informal es de alrededor del 51% (Dane, 2012). Para la medición entre abril y junio del 2012, ese porcentaje de personas dentro del sector informal esta dividida en: 49,2% de mujeres y 50,8% de hombres. Las personas con bajos niveles de educación son más propensas a pertenecer al sector informal o agropecuario de la economía. Un ejemplo de ello es que para el 2007 un poco más del 67% de los trabajadores pobres en la zona rural estaban vinculados al sector agropecuario y además trabajaban de forma informal. Asimismo, en la zona urbana el 81,3% de las personas que están vinculadas al sector laboral y son pobres pertenecenal sector informal (López y Nuñez, p.72, 2007).

El pertenecer al sector informal tiene una serie de consecuencias que principalmente están ligadas a bajos niveles de ingreso. En primer lugar, hayuna relación positiva entre bajos índices de protección social y baja remuneración en ese sector. López y Nuñez (2007) encuentran que en departamentos como el Chocó se observan bajas tasas en la cobertura de la protección social –principalmente en pensiones- y altas tasas de informalidad. En segunda medida, cabe rescatar que los bajos ingresos que perciben familias en las que el jefe del hogar trabaja en el sector informal causan problemas de alimentación y acceso a la educación, principalmente en los niños. Por estos factores, la informalidad es un determinante que afecta negativamente el progreso del país.

Por otro lado, la relación existente entre la alta dependencia de los ingresos laborales del jefe del hogar y un alto número de niños en cada hogar puede generar altas tasas de incidencia de la pobreza. En Colombia, mientras que un hogar no pobre tiene en promedio 0.6 niños, entre 0 y 11 años, unhogar pobre tiene en promedio casi 1.4 niños entre ese mismo rango de edad (López y Nuñez, p.66, 2007). Una de las consecuencias del alto número de niños en hogares pobres son los bajos ingresos per cápita. Las bajas tasas de ingresos per cápitase pueden estar generando por dos razones: la primera es que el ingreso percibido debe dividirse entre más personas y la segunda radica en que es más difícil para una mujer entrar a hacer parte de la fuerza laboral (López y Nuñez, p.66, 2007). El problema del bajo ingreso no es solo una incapacidad de resolver las necesidades básicas de educación y manutención –como alimentación, vivienda adecuada, entre otros- sino en que además se convierte en un generador de subdesarrollo al convertirse en transmisor sistemáticode la pobreza.

¿Qué ha hecho el gobierno colombiano?

 En el 2012, el Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, presentó ante el Congreso la Reforma Tributaria. Uno de los puntos importantes que la reforma trató fue la reducción de los impuestos a la nómina, que estaban a cargo del empleador. Para esto, el Gobierno proponía que el 13,5% de los impuestos que iban para salud, Sena e ICBF se cobraran por medio de CREE (Impuesto Sobre la Renta para la Equidad). Esta reforma tiene como objetivo, reducir los aportes parafiscales para así aumentar el número de empleos formales (entre 400 mil y 1 millón de empleos formales) y minimizar todas las consecuencias que se generan a causa de pertenecer al sector informal. Las reformas antes mencionadas fueron aprobados por el Congreso de la República, las cuales empezaron entraron en funcionamiento desde el primero de enero de este año (GACETA DEL CONGRESO 948).

Es necesario esperar que dicha media se exprese en el tiempo para saber si será eficaz, pues en otras épocas se ha legislado para incrementar el número de empleos formales y no se han obtenido los resultados esperados. Tal es el caso de la reforma laboral del año 2002, cuya puesta en marcha no resultó en un incremento en la formalización del empleo (Gaviria, s.f.).

Asimismo, el Gobierno ha creado entidades como la ANSPE (Agencia Nacional para la Superación de la Pobreza Extrema), que tiene como objetivo “[…] generar una revolución contra la pobreza extrema; dedicándose a asegurar la promoción social de 1 millón 500 mil familias más pobres del país.  La Agencia tiene a cargo la implementación de la estrategia nacional de superación de pobreza extrema, Red Unidos a través de la articulación con actores públicos y privados y la promoción de la innovación social” (DPS, s.f.).

De igual forma, ha tratado de generar programas como Jóvenes en Acción en busca de incentivar que este grupo de la población busque un mejor futuro tanto para ellos como para sus familias. Jóvenes en Acción, es un programa que fue creado hacia finales de la década de los noventas con el fin de generar un apoyo para los jóvenes que se vieron afectados por la crisis de final de década. Por esto, el programa“ […] está orientado a mejorar las posibilidades de inserción laboral y social de los jóvenes desempleados a través de cursos de formación para el trabajo en oficios semicalificados, donde se realiza también una práctica en las empresas.” (DNP, Acción Social Y Sinergia, p. 18, 2008). El programa se puso en práctica entre 2002 y 2005, tiempo durante el cual se vieron buenos resultados a la mejora en el empleo y en la obtención de ingresos de los jóvenes (DNP, Acción Social Y Sinergia, p. 14, 2008). Este programa se inició nuevamente el año pasado.

Colombia está catalogada como uno de los países más inequitativos de América Latina, y dicha inequidad no solo genera un problema de justicia social, de inseguridad y de controversia; sino de pérdida constante de oportunidades para el desarrollo. Si no hay empleo y además quienes lo tienen perciben bajos ingresos, no habrá un flujo de economía estable que favorezca a todos los sectores sociales de acuerdo con sus posibilidades. Aunque el Gobierno ha venido presentando reformas y programas sociales con el fin de mejorar las condiciones de la población, es importante recalcar la responsabilidad que tienen todos los sectores productivos del país en la generación de estrategias que conduzcan a la reducción sistemática de esos fenómenos que se convierten en generadores de subdesarrollo, pues la mano del gobierno, sola, será incapaz de hacerlo. Además, el tiempo dirá si reformas como la tributaria, o programas como el de Jóvenes en Acción estrategias apropiadas para mejorar la calidad de vida de los colombianos.

Nota al pie

Sector informal según el Dane: A manera de aproximación a una definición de empleo informal se integran las variables de tamaño de establecimiento y posición ocupacional. De esta manera se incluyen como ocupados informales: 1. Los empleados particulares y los obreros que laboran en establecimientos, negocios o empresas que ocupen hasta cinco personas en todas sus agencias y sucursales, incluyendo al patrono y/o socio; 2. Los trabajadores familiares sin remuneración o trabajadores sin remuneración en empresas o negocios de otros hogares que laboran en establecimientos, negocios o empresas que ocupen hasta cinco personas; Los empleados domésticos que laboran en establecimientos, negocios o empresas que ocupen hasta cinco personas; Los jornaleros o peones que laboran en establecimientos, negocios o empresas que ocupen hasta cinco personas; Los trabajadores por cuenta propia que laboran en establecimientos hasta cinco personas, excepto los independientes profesionales; Los patrones o empleadores en empresas de cinco trabajadores o menos; Se excluyen los obreros o empleados del gobierno.

Bibliografía

Cárdenas Mauricio (Ministro de Hacienda y Crédito Público). Reforma Tributaria (2012). Recuperado el día 12 de noviembre de 2012,   enhttp://www.minhacienda.gov.co/portal/page/portal/HomeMinhacienda/recaudodeimpuestos/Reforma-tributaria-2012/2012-10-09%20Reforma%20Tributaria.pdf

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Economía del cuidado

Por: Carlos Arturo Guzmán Beltrán
ca.guzman964@uniandes.edu.co

Dentro de su rutina cotidiana tal vez no se ha dado cuenta de la importancia que tienen ciertos trabajos poco recompensados en la sociedad.  Algunostrabajos domésticos, cuidados a otras personas del hogar o la comunidad. Estos trabajos son necesarios para ejercer sus demás actividades cotidianas de manera satisfactoria. Lo anterior se refiere a la economía del cuidado, término muy familiar en la región latinoamericana, vinculado con la igualdad de género en las actividades no remuneradas del cuidado. Se han organizado paneles, informesy diversas conferencias regionales a lo largo de América Latina y el Caribe relacionados con este tema. En el presente artículo, primero, se darán a conocer las distintas definiciones de cuidado, con el objetivo de identificar la definición que se relacionayse desarrollará más adelante con la economía; segundo, se resaltará la importancia de la economía del cuidado dentro del sostenimiento y desarrollo económico; tercero, se identificarán los costos y desigualdades de género asociados a este tipo de labores del cuidado; cuarto, se tratará la situación actual de Colombia con respecto a la ley 1413 de 2010; quinto, se establecerá la relación del cuidado con la pobreza, junto con los programas ejecutados por el gobierno colombiano entorno al cuidado, que en últimas buscan mitigar la pobreza; sexto, se formularán políticas públicas que pretenden solucionar dos aspectos apremiantes dentro de nuestra sociedad: redistribución de género y apropiada remuneración a las actividades del cuidado ; séptimo, se recomendarán políticas macroeconómicas y de mercado laboral apropiadas que no contrarresten las políticas del cuidado; octavo, conclusiones.

En primer lugar, una de las definiciones de cuidado referida en este artículo es la que maneja en su informe Esquivel (2011), en el que hace una pertinente aclaración del término,  dependiendo del contexto en el que se encuentre y el propósito con el que se quiere utilizar. El término del cuidado que se desarrollará en este artículo es elque hace referencia a los trabajos y cuidados ejercidos en el hogar para su sostenimiento y armonía. Es decir quese debe “entender al hogar como un lugar de trabajo, aun cuando sin duda todavía lo es, un lugar de cuidado como seguramente siempre lo fue” (Himmelweit citado en Esquivel, 2011, p.16).  Sin embargo, en otros contextos educativos, el cuidado se entiende como algún tipo de asistencia y en la salud como una labor preventiva. Siguiendo con lo anterior, Rodríguez (2005) presenta el término “Economía del Cuidado” con mucha más precisión. Es decir, lo que se busca esasociar al término cuidado con un concepto económico, por ende,  es central concentrarse en aspectos en el que el cuidado contribuye a generar valor económico. A saber, la relación que existe entre cómo las sociedades organizan el cuidado entre sus miembros y el funcionamiento del sistema económico.

En segundo lugar,  el aspecto más importante que contribuye la economía del cuidado al funcionamiento o sostenimiento del sistema económico, es en la reproducción de la fuerza de trabajo. Esto quiere decir la manutención diaria de los trabajadores y futuros trabajadores junto con su educación y capacitación. De la misma forma, los cuidados son indispensables para que el individuo desarrolle las capacidades cognitivas necesarias y con ello puedaadquirir conocimientos futuros de la mejor manera. Para Mankiw, Romer, & Weil (1992) lo anterior es algo indispensable en el desarrollo de las naciones, considerando que silos futuros trabajadores reciben el cuidado necesario en edades tempranas, entonces serán capaces de desarrollar con mayor profundidad su capital humano, siendo este último el principal insumodel crecimiento económico. Igualmente, ante mayor acceso a conocimientos por parte de los individuos, mejor será el uso en términos productivos podrán dar a los escasos insumos con los que cuentan, y mayor será la producción con respecto a un nivel de capital humano menor. Sin embargo, no hay que olvidar que el cuidado tiene un mayor alcance en el bienestar de los individuos, ya seaal interior como al exterior de los hogares, pues mantiene la cohesión entre las relaciones interpersonales y familiares.

En tercer lugar, los costos asociados a este tipo de labores del cuidado requieren de esfuerzos significativos, pero no son siempre retribuidos de la mejor manera o algunas veces no son retribuidos. En otras palabras, el trabajo asociado al cuidado es un proceso material y moral: requiere bienes, mercancías, servicios, trabajo y amor. Esto se asocia generalmente a un trabajo de cuidado no remunerado por el sector público y privado. No obstante, para Unifem (2000) son actividades costosas en términos de tiempo y energíay se realizan por obligaciones contractuales o sociales. Normalmente la economía del cuidado es ejercida por mujeres que deben proveer los cuidados necesarios a sus familias. Lo anterior, implica un costo de oportunidad en tiempo y energía, ya sea por el cuidado de alguna persona dependiente o por la subordinación ejercida por los hombres a las mujeres para que se encarguen de las labores domésticas. Según Esquivel (2011), estas desigualdades de género en las labores relacionadas con el cuidado repercutenen la reducción de oportunidades laborales remuneradas para las mujeres, ya que en el mercado de trabajo se dan mayores oportunidades a quienes no tienen cargas del cuidado. Por lo tanto, los hombres tienen mayores oportunidades de conseguir empleo. Aunque en algunos casosla mujer logre conseguir trabajo remunerado, la carga en cuanto al trabajo no monetario no disminuye, creando sobrecargas laborales a las mujeres. Por esto,  en la búsqueda de igualdad de género es necesaria la redistribución del trabajo no monetario en el hogar, siendo vital la ayuda de los hombres en las actividades del cuidado.

En cuarto lugar, en Colombia se ha querido dar importancia a este tipo de actividades no remuneradas dentro del funcionamiento económico.  La ley 1413 de 2010 establece incluir dentro del sistema colombiano de cuentas nacionales las labores no remuneradas, con el propósito de una posterior implementación de políticas públicas adecuadas. En un principio, la ley busca romper la visión neoclásica que considera al hogar únicamente como una unidad de consumo. Dentro del sistema colombiano de cuentas nacionales se añade el rol de los hogares expuesto porElson (1999), donde estos participan en la producción de insumos y recursos necesarios para ejercer las labores del cuidadoen la sociedad. Adicionalmente, la exsenadora Cecilia López, ponente de la ley de economía del cuidado mencionada anteriormente, considera queestees un primer paso a una gran revolución con respecto a un modelo de desarrollo con equidad de género. Según López (2001),  lo que busca la ley en un futuro es reconocer el verdadero aporte de las mujeres al sistema económico, adicionalmente darles una mayor autonomía y participación política.

En quinto lugar, Para Esquivel (2011), las deficiencias en la provisión de cuidados son factores de incidencia en la pobreza. Las necesidades de proveer cuidados a las personas más vulnerables y los elevados costos de proveerlos están asociados directamente con costos de oportunidad para los hogares con respecto a la generación de ingresos. Esto constituye una causa estructural de la persistencia de hogares pobres con un número importante de personas dependientes. Se identifican dos razones principales de este fenómeno: por un lado, Según Feres & Mancero(2001) el alto número de personas dependientes dentro de un hogar hace más costosa la movilización de las familias a otros sectores geográficos, restringiendo al jefe del hogar su movilización a distintas zonas geográficas, donde posiblemente el trabajo sea más abundante. Por el otro, el alto número de personas dependientes bajo un mismo techo, contribuye a que generalmente las mujeres no aporten ingresos al hogar, puesto que deben cuidar a sus seres queridos que requieren de cuidados constantes. Cabe resaltar que la proposición hecha porFeres & Mancero (2001) no es válida dentro de nuestro territorio. La preocupante situación de conflicto armado hace que el número de desplazados en Colombia segúnla ONU sea anualmente de 150 mil, (Caracol Radio, 2010), teniendo como destino las principales ciudades (centros de actividad económica), con la esperanza de salvar sus vidas y conseguir algún tipo de empleo. Este gran número de desplazados es conformado por todo tipo de familias, sin importar el número de personas dependientes que las constituyan. En cambio, sí es perceptible en Colombia elevados costos de oportunidad para el ingreso de las familias, asociados al tiempo que conlleva provisionar cuidados a los hogares. Por eso,  programas puestos en marcha por el gobierno, como los hogares comunitarios de bienestar, ayudan a mitigar estos elevados costos. Sin embargo, a las madres comunitarias, que son las encargadas de velar por estos hogares comunitarios de bienestar, se les reconoce muy poco por su labor (recibiendo solamente el salario mínimo y algunas bonificaciones, Elespectador.com (2012)). Adicionalmente, en términos distributivos este tipo de cuidadossólo es ejercido por mujeres, algo que refuerza las desigualdades de género con respecto a este tipo de labores. El programa de hogares comunitarios de bienestar cumple con su objetivo, pero es necesaria una mayor compensación a esta labor del cuidado y una pertinente redistribución de género.

En sexto lugar, es deseable tener presente en un futuro dos aspectos apremiantes dentro de nuestra sociedad, y que son evidentes en el día a día. Las dos problemáticas que percibe Esquivel (2011) en la región latinoamericana son la remuneración adecuada de estos tipos de trabajos del cuidado y la redistribución de género para estas actividades. Para el primer aspecto, la poca valoración social y económica a este tipo de actividades es notable, ya que los trabajos de poca remuneración económica son de este tipo, como los trabajos en el serviciodoméstico, la principal razón de su baja remuneración es el poco capital humano necesario para realizar este tipo de actividades. Adicionalmente, este tipo de labores no es valorado correctamente en el mercado, pues no se tiene en cuenta su contribución a la reproducción de la fuerza de trabajo presente y futura, incluyendo la futura formación de capital humano. Para el segundo aspecto, las sobrecargas de las mujeres con respecto a los hombres en este tipo de actividades son preocupantes, de manera que para las mujeres es más difícilla inserción en el mercado laboral yla subordinación en el hogar limita su autonomía.

En séptimo lugar, Es importante replantear las demás políticas públicas como las del mercado laboral y macroeconómicas, para que sean consecuentes con la remuneración y redistribución de género a las labores del cuidado. Según Esquivel (2011), hay que tener presentes tres aspectos. El primero es que las políticas educativas, de salud, sociales y de protección social deben complementarse con la provisión de recursos necesarios para cuidar a la población vulnerable. El segundo aspecto es que las circunstancias en el mercado laboral sean las adecuadas para que el cuidado sea una labor monetaria sostenible. Por ejemplo que las jornadas laborales sean las apropiadas y de esta manera los padres de familia puedan dedicar el tiempo necesario a sus hijos, incluyendo las labores domésticas de subsistencia, y con esto nopresentar sobrecargas laborales que afectan negativamente el bienestar de los individuos. El tercer y último aspecto a considerar es el de la política macroeconómica, especialmente en la generación de empleo que puede impactar de forma indirecta pero con cierto grado de intensidad considerable a las políticas del cuidado. Un impacto negativo podría tener una política de generación de empleo que no tenga en cuenta las desigualdades con respecto a las oportunidadesdeconseguir empleo para hombres y mujeres, como su respectiva remuneración;  por consiguiente, se seguiría presentando los mismos problemas de inequidad, contrarrestando las políticas del cuidado. Sin embargo, hay que tener cautela según sean los resultados que arroje el sistema de cuentas nacionales colombiano con respecto al cuidado, en consecuencia pueden necesitarse políticas particulares según sean las necesidades del país.

En conclusión, programas de asistencia al cuidado en Colombia, como los hogares comunitarios del bienestar, han sido acertados,  puesto que ayudan a mitigar los costos y dificultades de los padres a la hora de conseguir empleo remunerado. No obstante, es importante tener en cuenta la remuneración adecuada para las madres comunitarias e incentivar la participación de los hombres en este tipo de labores. Es bien sabido que este tipo labores no monetarias del cuidado, y otras como la docencia no son reconocidas en la sociedad latinoamericana como deberían serlo, por esto es pertinente ser consiente en lo importante que es para el sostenimiento de la economía (paso significativo que se ha hecho en Colombia al incluirse en el sistema de cuentas nacionales), y con esto incentivar la participación de los hombres en este tipo de labores. Por otro lado, las demás políticas públicas deben ser consecuentes y no contrarrestar las políticas de cuidado. Un ejemplo en las políticas macroeconómicas de generación de empleo, sería privilegiar a las mujeres cabezas de familia que entran en el mercado laboral, incentivando a las empresas a su contratación por medio de exenciones tributarias, con horarios flexibles para que puedan ejercer el cuidado de sus familias de forma adecuada. Por último, estas consideraciones sobre el cuidado sobredimensionan la concepción de bienestar de los individuos, al tener presente otros aspectos que son infravalorados en la sociedad de mercado, pero que son muy importantes para su sostenimiento.

Bibliografía

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